La privatización de YPF como "experiencia traumática"

La privatización de YPF implicó más de 35.000 despidos. ¿Cómo se llevó a cabo semejante desestructuración de la empresa y cuáles fueron las experiencias de los trabajadores? Despidos masivos y "experiencias traumáticas" solapadas bajo la idea de "modernización".


Por Hernán M. Palermo* | Entre los años 1990 y 1994 fueron despedidos de YPF 35.689 trabajadores. Un número impresionante teniendo en cuenta que con ello se llevaba a innumerables ciudades y pueblos a cifras de desocupación muy por encima de la media nacional. No obstante, es preciso darle voz a ese número de despedidos y comprender que significó desde la perspectiva de los trabajadores aquella experiencia: no sólo expresó la pérdida del empleo sino la erosión de un universo dador de sentido, tanto para los trabajadores como paras las autodenominadas “familias ypefeanas”, consolidando lo que denominamos “experiencia traumática”.

Los denominados eufemísticamente “retiros voluntarios” a los que fueron sometidos los trabajadores que ya “no formarían parte de la modernizada YPF”, dan la sensación -por su nombre- de referir a un acuerdo entre partes: es decir, que empresa y trabajadores negociaban la forma del retiro. Sin embargo, lejos de este acuerdo, lo voluntario encubrió el despido compulsivo. Desde la perspectiva de los ex trabajadores “eran retiros voluntarios obligatorios, que firmabas si o si”, dado el contexto coercitivo en el que se llevó a cabo esta política de retiros. Las amenazas constantes de las jefaturas eran moneda corriente en el espacio de trabajo. Fundamentalmente, a los que no se adherían a los retiros voluntarios, se los amenazaba con el despido y la pérdida del beneficio de la indemnización. En un clima que se enrarecía día a día, esta “tortura laboral”, encarnada en los continuos rumores respecto de los posibles despidos, tornaba agobiante la cotidianeidad dentro de la empresa.

Por otra parte, los cursos de capacitación, otra estrategia de cesantías de personal, constituyeron la antesala del despido de los trabajadores. Con esta política se alejaba de forma definitiva al trabajador del ámbito de trabajo. Se debía elegir entre diversos cursos de capacitación, tales como computación, ingles, electricista, etc., afrontando la empresa todos los gastos requeridos. Los cursos duraban aproximadamente un año y durante este periodo se percibía normalmente el salario y los beneficios sociales, como si se encontrara en el puesto de trabajo. Contrariamente al sentido común de amplios sectores de la sociedad, que sostienen que un trabajador no quiere trabajar, estar haciendo un curso, cobrando un salario sin realizar sus funciones en su trabajo, causa profunda incertidumbre respecto de porvenir laboral. Asimismo, se trataba de oficios y cursos que no reflejaban una capacitación orientada a las exigencias de un mercado de trabajo con altísimos niveles de desocupación.

Cita Creado por (Ex trabajador de YPF, Comodoro Rivadavia)
“Los cursos fueron la estafa más grande que tuvimos. Nos querían capacitar en los famosos cursos para que estuviéramos preparados para el trabajo. Toda una mentira. El curso era para ablandarte, te daban un año y te despedían.”

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Los emprendimientos, otra estrategia de despido, también fueron una salida para los trabajadores, frente a la inminente reestructuración de la empresa. El personal cesanteado de YPF, incentivado por la empresa y el sindicato SUPE, se organizó tomando distintas formas jurídicas -sociedades anónimas, cooperativas o SRL- para ofrecer el mismo trabajo/servicio que antes hacían desde el interior de la empresa, ahora como personal tercerizado. En un principio, YPF les aseguraba una contratación de dos años para luego ingresar en la ley de la “libre competencia”. Pasado el tiempo estipulado de contratación, estos emprendimientos quedaron en su mayoría sin efecto, ya que debieron participar en procesos licitatorios con empresas históricas como Tecpetrol -Techint-, Perez Companc, Pan American Energy -grupo Bulgueroni hermanos-, entre otras. En cada negociación, los grupos económicos fueron ganando las licitaciones y cada uno de los trabajadores, "dueños de emprendimientos", fueron chocando con la realidad de una nueva pérdida.

Cita Creado por (Relato de ex trabajador, Refinería La Plata)
“¿Sabes que fue eso? Engaña pichanga fue eso. Porque le daban la opción, pero qué pasa ¿con quien tenés que competir? Con empresas multinacionales, que van a poner, listo y se terminó”.
La pérdida traumática del trabajo implicó para los petroleros no solamente la ruptura y/o pérdida de la relación de dependencia con la empresa, sino también del marco de referencia del colectivo de trabajo que otorgaba sentido tanto a los trabajadores como a sus familias. Era dentro de este proceso que la “familia ypefeana” proyectaba su vida y sus expectativas. La privatización cambió de forma abrupta y traumática este universo de significados e impuso en el centro de la escena la pérdida y, como única alternativa, la salida individual a una problemática colectiva.


* Doctor en Ciencias Antropológicas. Investigador del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET). Docente en Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Forma parte del Grupo de Antropología del Trabajo. Autor del libro “Cadenas de oro negro en el esplendor y ocaso de YPF”

La privatización de YPF como







La privatización de YPF: ¿por qué y para qué?

¿Cómo y por qué se perdió YPF? Dimensión político-económica de la fragmentación y posterior privatización de la petrolera estatal. El rol del sector hidrocarburífero en el proceso de reestructuración de la economía argentina.



Por Mariano A. Barrera * | El amplio proceso de reestructuración de la economía y de privatización de empresas públicas durante el gobierno de Carlos Menem tenía como principios declarados, generar mercados de competencia que permitieran incrementar la eficiencia y la productividad de la economía y, consecuentemente, expandir los volúmenes de producción. En este marco discursivo se realizó una formidable transferencia del patrimonio público al capital concentrado local quienes ingresaron, a partir de que se trataba de mercados con barreras naturales o instituciones, a actividades con importantes rentabilidades.

Un claro ejemplo de este proceso fue el que aconteció con el sector hidrocarburífero argentino.[Highlight] El objetivo manifiesto del gobierno en relación con la amplia reforma desarrollada entre 1989 y 1993 en el mercado de hidrocarburos, tenía como puntos nodales, por un lado, la creación de un mercado “competitivo”, a través de los procesos de fragmentación señalados, en el que ningún operador pudiera controlar, como hasta entonces realizaba YPF, grandes magnitudes de petróleo y/o gas natural.[Highlight] Por el otro, y vinculado con el anterior, eliminar toda intervención del Estado y de la petrolera estatal en el sector, aspecto que contemplaba la desaparición de la “mesa de crudos”, la liberalización de los precios de dichos recursos y la anulación de la restricción para importar y exportar petróleo, gas natural y sus derivados, asumiendo que, a partir de esto y con un “mercado de competencia perfecta”, el precio estaría determinado por el costo marginal de extracción y el costo marginal de su uso, como resultado de la decisión descentralizada de productores maximizadores de beneficios en el marco del libre juego entre la oferta y la demanda.

Sin embargo, el estudio del “nudo” del proceso, permite aprehender los reales motivos que guiaron la amplia transformación del sector. Se alude, al estudio de cómo la empresa fue fragmentada entre 1990 y 1993 antes de ser vendido su capital social en la bolsa. Este análisis es de vital importancia dado que permite aprehender el real motivo de las transformaciones encaradas. Así, el motivo de la fragmentación de la empresa, como aspecto previo, pero constitutivo de la posterior privatización, podría dividírselo en dos grandes grupos: por un lado, el económico y, por el otro, el político (aunque lo “económico” y lo “político” forman una unidad indisoluble). Conforme esto, en el plano preeminentemente “económico”, la fragmentación tuvo como objetivo, por una parte, desintegrar parcialmente tanto vertical como horizontalmente la compañía de modo tal que los grupos económicos locales pudieran ingresar al “negocio” mediante la compra de activos que estuvieran en relación con su capacidad financiera y de lobby. Por la otra, y como consecuencia de esta desintegración, la fragmentación tuvo como finalidad la entrega de la propiedad de la empresa al capital privado sin la capacidad cuasi-monopólica que poseía bajo la administración estatal.

En su aspecto preferentemente “político”, el proceso encarado con la fragmentación de YPF le confirió al gobierno de Menem una herramienta de invalorable importancia para obtener la legitimidad del capital en su conjunto ante el posterior proceso de privatización en tanto que parte de las fracciones del capital que adquirieron los activos de la empresa, eran quienes durante la administración estatal de YPF se apropiaban de renta económica por medio de los contratos de locación firmados, fundamentalmente, desde 1977. Este flujo de recursos se obstruiría definitivamente con la transferencia al capital privado de la propiedad de la empresa y la liberalización de los precios con la “desregulación” del mercado ampliado de hidrocarburos. En este marco se inserta, incluso, la trasferencia de la flota marítima al Sindicato Unido de Petroleros del Estado para obtener el beneplácito —o connivencia— de dicho actor ante el proceso iniciado.

Así, luego de analizar este proceso se advierte que los primeros cinco grupos económicos (Pérez Companc, Techint, Astra, Pluspetrol y Bridas) alcanzaron una injerencia en 81 de las 147 áreas hidrocarburíferas concesionadas al capital privado (55,1% del total) cifra que asciende a 88 (59,9%) si se considera los primeros seis grupos económicos o conglomerados extranjeros y a 92 (62,6%) al contemplar las siete principales (Glacco —de Canadᗠy Soldati). Pero además de la marcada concentración en la “distribución” de la concesión de áreas, estos mismos grupos adquirieron otros activos estratégicos que le permitieron integrarse en la cadena hidrocarburífera del país. En efecto, el grupo Soldati adquirió la totalidad de la refinería Dock Sud, y participó con Pérez Companc en la compra de San Lorenzo. Asimismo, esta última compañía, junto con Astra, Isuara y Pluspetrol adquirieron el 70% del complejo Campo Durán (destilería y oleoducto) y también participó con Techint, Bolland, Astra, Pluspetrol y Bridas en el oleoducto troncal Allen-Puerto Rosales.

En consecuencia, no es casual que los grupos económicos que obtuvieron la mayor cantidad de concesiones ya sea en las áreas secundarias, centrales o la reconversión de contratos hayan sido quienes participaron en la asociación tanto en refinerías, ductos como terminales marítimas y transportes marítimos, en tanto que les confería una considerable posición dominante en el mercado a partir de la integración vertical adquirida, más allá de la concentración que en cada sector este proceso les confirió. A su vez, el control de las terminales marítimas patagónicas los posicionaba en un lugar estratégico para el comercio internacional de hidrocarburos y sus derivados, de ahí que el consorcio integrara a los principales grupos económicos: Pérez Companc, Astra Capsa, Bridas SAPIC, Techint, Amoco CAPSA y Total Austral. De este modo, esta parte del proceso de fragmentación contribuyó a consolidar un posicionamiento estratégico de los grupos económicos y conglomerados extranjeros.

En este sentido, en la medida en que la fragmentación y posterior privatización de YPF S.A. y la “desregulación” de la actividad respondieron, por un lado, a las demandas del capital concentrado —generando una morfología de mercado escasamente competitiva y altamente rentable— y, por el otro, a la necesidad del gobierno de cubrir el déficit fiscal y los pagos de la deuda externa, con un Estado que transfirió la capacidad regulatoria a un reducido número de actores privados, es evidente que el leitmotiv de las reformas no fue, como anunciaban, el incremento en la eficiencia de la empresa y la búsqueda de un mercado de “competencia perfecta”. De hecho, el grado de concentración de la extracción de hidrocarburos se mantuvo con los similares niveles, en tanto que desde las reformas alrededor del 90% de su explotación, se efectuó por medio de ocho compañías privadas.

Todo parece indicar que contrariamente al discurso del gobierno, el cual se basaba en generar un proceso de “desregulación” e ingreso masivo de capitales en un escenario de “competencia perfecta”, el proceso de fragmentación de YPF estuvo condicionado por las presiones que ejercieron, en el plano local, los grupos económicos y conglomerados extranjeros, y en el internacional, por las acreedores externos.

En síntesis, la fragmentación de la petrolera estatal, en el marco de la disputa por la apropiación de los recursos del Estado, tenía entre sus principales objetivos reales, por un lado, transferir ingentes cantidades de reservas de petróleo y gas natural al capital privado y, con éstas, la capacidad de apropiarse de una proporción mayor de la renta petrolera. Por el otro, eliminar definitivamente la regulación pública, en primer lugar, al generar una nueva arquitectura institucional del mercado de hidrocarburos en el contexto de la denominada “desregulación”, y, en segundo, al anular a YPF como empresa testigo. En definitiva, el proceso de fragmentación se inscribe en la estrategia global de articulación de los intereses de los sectores dominantes para consolidar el modelo de “valorización financiera y ajuste estructural”.


* Lic. En Ciencia Política (UBA) y Magíster en Economía Política (FLACSO). Becario doctoral del Conicet, Investigador del Área de Economía y Tecnología de FLACSO y co-autor del libro: Historia de una privatización: cómo y por qué se perdió YPF.

La privatización de YPF: ¿por qué y para qué?







La privatización de YPF: triste historia de una entrega inexplicable

La renacionalización de YPF sugiere no sólo reflexionar acerca del pasado reciente sino también sobre las perspectivas actuales, las reparaciones pendientes y los desafíos futuros de una nueva etapa cuyo horizonte de expectativas trasciende el marco de la productividad.



Por Leticia Muñiz Terra* | La “re-estatización” de la empresa petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) ocurrida recientemente en nuestro país y las transformaciones que ello implica para la producción petrolera nos invita a reflexionar sobre el proceso que se cierra con la recuperación estatal.

Se ha hablado mucho en los últimos tiempos de la escasa productividad de YPF en manos de Repsol, de la casi inexistente exploración y perforación por parte del grupo español en la Argentina y de los grandes beneficios que éste obtuvo. Las voces que recuerdan el costo sociolaboral de este proceso para sus trabajadores parecen sin embargo tener menos difusión. La agenda política enfocó así su mirada en cuestiones productivas y económicas, dejando en un segundo plano la cuestión social y laboral.

Pocos son quienes se toman el trabajo de recordar que la privatización de YPF significó la desvinculación de 31.245 empleados petroleros entre los años 1989 y 1995. Situación que se repitió muy especialmente en la Refinería La Plata donde fueron despedidos 4.800 trabajadores, número que representaba el 89% de su planta de empleados**.

Dada la escasa mención de esta situación en los medios de comunicación, resulta imprescindible recordar que como consecuencia de la desestatización miles de trabajadores petroleros vieron frustrada su ilusión de desarrollar una larga carrera profesional en la empresa y poder jubilarse como empleados de la misma. Se encontraron así frente a una encrucijada, pues la desvinculación de la Refinería determinó la fragmentación de su carrera profesional como trabajadores petroleros y el inicio de una nueva trayectoria laboral.

Muchos pudieron reinsertarse en el mercado de trabajo como cuentapropistas utilizando la calificación de oficio adquirida en la empresa; este fue el caso de plomeros, electricistas, carpinteros, etc. Otros ex “ypefeanos” que tenían una calificación muy específica, únicamente aplicable en la Refinería, se inventaron una nueva modalidad de inserción en el mercado laboral comprando taxis, remises, y/o abriendo negocios. Algunos otros, que en general no poseían calificación, fueron deambulando por diversos trabajos inestables hasta llegar a un estado de desocupación preocupante. Una situación similar vivieron algunos profesionales (químicos, ingenieros, geofísicos, etc) que luego de perder su empleo en YPF no pudieron encontrar nuevamente un trabajo, o se reinsertaron de manera precaria o inestable. Como resulta evidente, aunque las trayectorias de los ex “ypefeanos” han sido muy diversas, todos padecieron con el tiempo un empeoramiento de sus condiciones laborales y de vida.

Un grupo de ex-trabajadores pertenecientes en su gran mayoría al sector mantenimiento, tuvieron en cambio otras posibilidades, ya que luego de ser despedidos pudieron formar “cooperativas de trabajo” para comenzar a prestarle a la empresa diversos servicios que a partir de ese momento decidió externalizar.

La subcontratación de las actividades de mantenimiento fue una de las estrategias utilizadas por Repsol YPF para aumentar su productividad y amortiguar las acciones de los trabajadores frente al proceso privatizador. La política de subcontratación le permitió, por un lado, garantizar la realización de actividades que antes desarrollaba pero con menores costos y, por otro lado, evitar la explosión de un conflicto con los trabajadores.

Algunos ex-empleados petroleros se incorporaron así a estos emprendimientos y siguieron trabajando en la misma actividad pero bajo nuevas reglas de juego, pues aunque en los primeros años estos emprendimientos vivieron “momentos de bonanza”, obteniendo importantes contratos con la empresa petrolera, con el paso del tiempo la situación comenzó a cambiar.

La presión ejercida por Repsol YPF en cuanto a plazos de entrega o a reducción de costos, los llamados anuales a nuevas licitaciones, la existencia de empresas competidoras de la región y la creciente necesidad de diversificar la oferta de trabajos a realizar, derivaron en la incorporación paulatina de políticas de flexibilidad laboral interna. De esta forma los ex trabajadores de YPF “cooperativizados” comenzaron a sufrir una situación laboral precaria en la que se hicieron habituales los cambios en los horarios de trabajo y en la duración de la jornada laboral según las necesidades productivas, la reducción de los salarios de acuerdo a las licitaciones ganadas y la realización de actividades laborales diversas.

La situación se tornó más desfavorable aún, si tenemos en cuenta que todos los ex trabajadores “ypefeanos” todavía esperan cobrar lo que les corresponde por el Programa de Propiedad Participada. Este programa, que deriva de la Ley de Reforma del Estado, establece que el 10 % de las acciones de las empresas a privatizar corresponde a sus trabajadores.

Es evidente entonces que la privatización de YPF y de sus unidades productivas representa para los argentinos la triste historia de una entrega inexplicable que trajo perjuicios no solo a nivel productivo y económico sino también a nivel social y laboral.

Ante el momento histórico que estamos viviendo con la recuperación estatal de YPF creemos entonces necesario recordar que la privatización de la empresa fue sin duda una fiesta para unos pocos enriquecidos y la exclusión de una gran mayoría empobrecida. Situación social y laboral que debería considerarse especialmente, no sólo para recuperar las “lecciones aprendidas” de nuestro pasado reciente sino a la hora de formular políticas públicas inclusivas para los damnificados por estos procesos.


* Universidad Nacional de La Plata-CONICET
** Muñiz Terra, L (2012) Los ex trabajadores de YPF. Trayectorias laborales a 20 años de la privatización. Editorial Espacio. Buenos aires.


La privatización de YPF: triste historia de una entrega inexplicable







Neoliberalismo y “comoditización” de los hidrocarburos

El neoliberalismo operó profundas transformaciones en la política petrolera argentina. Apropiación material, valorización financiera y operaciones simbólicas de un recurso estratégico históricamente asociado a la soberanía nacional.



Por Ignacio Sabbatella* | La reforma estructural del sector de hidrocarburos en la década del noventa implicó no sólo la desregulación del mercado y la fragmentación y privatización de YPF, sino también la “comoditización” del petróleo y gas.

El menemismo –en sintonía con los intereses de las petroleras privadas- operó desde el Estado un giro discursivo en relación a la histórica política petrolera argentina. Desde Menem a Julio César Aráoz (Secretario de Energía), pasando por José Estenssoro (presidente de la YPF privatizada), la dirigencia menemista atacó furibundamente la caracterización de los hidrocarburos como recursos estratégicos que había prevalecido desde la creación de YPF, identificada con la soberanía nacional y el desarrollo industrial. Era necesario romper el “mito” de la energía abundante y barata en pos de avanzar en la creación de “un mercado petrolero abierto, desregulado, competitivo, desmonopolizado e integrado al comercio mundial”.

Bajo la hegemonía neoliberal, el menemismo consagró a los hidrocarburos como commodities, es decir, simples mercancías exportables sin valor agregado, en función de un proyecto de desindustrialización –inaugurado por el golpe cívico militar de 1976-, orientado a la valorización financiera y a la primarización de las exportaciones. La actividad petrolera se independizó del resto de la economía nacional para convertirse en apenas un “negocio rentable”. Por tanto, los hidrocarburos empezaron a valorarse como “recursos económicos” y el petróleo como un “bien comerciable internacionalmente” al igual que los cereales o los metales y también “cash” o una “moneda de cambio corriente”. A tal fin, los decretos desreguladores de 1989 establecieron, entre otros principios, la libre disponibilidad de los recursos extraídos por las petroleras y la libre exportación e importación de los mismos.

No bastaba con su apropiación material para convertir al petróleo y gas en commodities, era necesario, además, derribar todas las barreras políticas, sociales y culturales. La subordinación de la producción de petróleo y gas a la valorización capitalista requería el despojo de toda concepción, ideología o representación que afectase la libre circulación de los hidrocarburos como cualquier otra mercancía. De modo que el esfuerzo discursivo puesto en la descalificación del “nacionalismo petrolero” apuntaba a cimentar las condiciones socioculturales que transformasen la explotación de los hidrocarburos en una actividad específicamente capitalista, sin regulación estatal ni distorsión simbólica alguna.

Cabe aclarar que a diferencia del petróleo, el gas natural no puede ser considerado íntegramente como un commodity ya que su transporte es más complicado y, por tanto, no se comercializa globalmente. Su precio está sujeto a la ubicación de los yacimientos y al transporte hasta los centros de consumo, por lo cual tiene importantes variaciones e influencias regionales. Sin embargo, el desarrollo del gas natural licuado (GNL) a gran escala facilita su intercambio comercial y permitiría la consolidación de un precio internacional como un commodity.

De todos modos, los cambios en la apropiación simbólica facilitaron la apropiación material de los hidrocarburos por parte del capital petrolero, cuya actividad se dirigió a un mayor ritmo de extracción respecto a la exploración y a un incremento de las exportaciones de crudo y gas natural en detrimento de la industrialización y abastecimiento del mercado interno. Durante el período 1989-2001, la extracción de crudo se incrementó casi un 70%, con un pico máximo en 1998, y la de gas casi 90%, con miras a la generación de saldos exportables. Las ventas al mercado externo representaron el 41% de la producción de crudo en 1996 y más del 13% de la producción de gas natural en 2001. El resultado, tras dos décadas de iniciada la reforma, fue una dramática “fuga” de reservas: entre 1990 y 2010 se exportó más del 50% de las reservas existentes a 2010, en el caso del petróleo, y un 15% de las reservas existentes de gas natural a 2010.

A partir de la ley de emergencia económica de 2002, que dispuso las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos, a las que se sumaron posteriormente ciertas restricciones en el comercio externo y en la fijación de precios, el proceso de “comoditización” perdió plena vigencia. Sin embargo, no fue hasta la sanción de la Ley de Soberanía Hidrocarburífera en 2012 que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner puso fin al paradigma neoliberal y volvió a asignar a los hidrocarburos como recursos estratégicos -junto a la recuperación del control estatal de YPF y la derogación de los principios desreguladores del neoliberalismo-, con el fin de asegurar la energía para el crecimiento productivo del país.


* Lic. en Ciencia Política y Magíster en Investigación en Ciencias Sociales (UBA). Becario doctoral de Conicet – Instituto de Investigaciones Gino Germani


Neoliberalismo y “comoditización” de los hidrocarburos









El corazón tecnológico de YPF: los laboratorios de Florencio Varela

En las instalaciones de la Universidad Nacional Arturo Jauretche funcionaba el Laboratorio de tecnologías y desarrollo de hidrocarburos más importante de Latinoamérica. Allí se generaron tecnologías aún vigentes y se asistió en los montajes del laboratorio de Petrobras y el Instituto Mexicano del Petróleo.



Por Hernán M. Palermo* | Cerca del popularmente conocido “Cruce de Varela”, en la hoy denominada avenida Calchaquí, yace un enorme edificio blanco con forma de hangar, el cual alberga a la recientemente inaugurada Universidad Nacional Arturo Jauretche.

Sin embargo, el edificio blanco inaugurado en 1940, fue anteriormente el laboratorio de tecnología y desarrollo de hidrocarburos más importante de Latinoamérica perteneciente a YPF. El edificio rodeado por unas 14 hectáreas oculta una historia poco explorada de avance científico y tecnológico, de profesionales abocados a la tarea de investigación, pero fundamentalmente del desarrollo profesional de una empresa de carácter estatal que supo ser modelo en Latinoamérica.

Los Laboratorios de YPF albergaban profesionales de distintas disciplinas tales como ingeniería, física, química, geología, geofísica, entre otras. Con un plantel de 550 agentes, allí surgieron incalculables avances científicos y técnicos aplicados a la industria petrolera. Por ejemplo, fue en los Laboratorios donde se diseñó y ensayó la primera formulación del aceite más utilizado hoy en día, “Elaion” de YPF. Tecnología e infraestructura de punta fueron testigos de innumerables ensayos y pruebas que se realizaban antes de ser aplicados a los pozos, a los primeros proyectos de recuperación asistida de petróleo que se hicieron en el país, inclusive a diseños y rediseños de plantas de refinerías. En una de las 14 hectáreas quedan los esqueletos -erosionados por el paso del tiempo y los saqueos- de lo que se denominó “los octógonos”: salones preparados para probar catalizadores y optimizar condiciones operativas mediante un sistema de planta piloto de alta presión que luego se aplicaban en las refinerías de YPF de La Plata, Lujan de Cuyo, Plaza Huincul y otras. De las entrañas del Laboratorio surgieron modelos de optimización de condiciones de bombeo para los equipos de bombeo de crudo, “ensayos dinamométricos”, “ensayos de interferencia de pozos” y muchos otros que hoy todavía siguen vigentes.

Tempranamente, se desarrollaron tecnologías como la recuperación terciaria en los pozos de petróleo, utilizada ampliamente hoy en día. También se avanzó en un proyecto de recuperación cuartaría de “fluencia gravitacional” que apenas ahora se ha comenzado a aplicar en yacimientos de Estados Unidos. Inclusive, la tan en boga tecnología de fractura para pozos de shale o tight&oil gas que la Argentina comenzó a emplear en el 2012 a partir de la nacionalización de YPF, ya estaba siendo investigada en los Laboratorios de Florencio Varela, con la denominación interna “Gerencia General de Activos Tecnológicos”. Se calificaban arenas de fractura, polímeros, espesantes y otros componentes del fluido de fractura.

En el tercer piso del edificio se encuentra la biblioteca, un tesoro aún invaluable, que es testigo silencioso de ese know how producido íntegramente por profesionales argentinos comprometidos en una empresa cien por ciento del Estado. La biblioteca de los laboratorios resiste al tiempo y al olvido, guardando en su interior los secretos de las patentes de invención producidas por YPF en formato de microfilm como también innumerables textos, libros y manuales en diferentes idiomas, producto de frondosos intercambios con bibliotecas de todo el mundo. Según Jorge Ayestarán, último bibliotecario y guardián de la biblioteca de YPF “era la más completa de Latinoamérica”.

Instalando un precedente en materia de consolidación regional latinoamericana, los/las profesionales de los Laboratorios jugaron un papel importante en el desarrollo del Laboratorio de Petrobras -CENPES- de Brasil y el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP).

A partir de los tiempos neoliberales comenzó a instalarse un “diagnóstico” que demonizó al Estado y le atribuyó al capital privado todas las bondades de la “eficiencia”. Los Laboratorios, a pesar de sus contundentes demostraciones en materia científica y técnica, no quedaron exentos de esta falacia. Eduardo Barreiro, el último Gerente General de los Laboratorios, cuenta que para el entonces interventor de YPF José “Pepe” Entenssoro “Florencio Varela era una molestia”:

Cita Creado por Eduardo Barreiro (Ultimo Gerente General de los Laboratorios)
“Estenssoro pretendió que yo minimizara Florencio Varela. En contra de mi pensamiento: en lugar de echar gente se necesitaba tomar personal. Teníamos mucho trabajo, no sólo para YP, sino para un montón de empresas petroleras argentinas; inclusive empresas no petroleras, que requerían de servicios que únicamente Varela podía brindar”.
La dinámica de concentración y centralización de capitales pugnaba por expandirse hacia sectores que se habían vuelto rentables y que aún estaban en manos de la intervención estatal.

En 1994 se cierran los Laboratorios de Investigaciones de YPF y con ello se echa por tierra más de 50 años de desarrollo científico-tecnológico. De aquel esplendor de los laboratorio sólo quedó un grupo de 60 o 70 profesionales en un edifico al frente de refinería La Plata, prestando sólo funciones de analítica y únicamente en la refinación.

No obstante, la historia tiene giros insospechados y, hace poco más de un año, una parte de los edificios se convertía en testigo preferencial de la inauguración de la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Allí donde fuera el corazón tecnológico de YPF, hoy transitan miles de estudiantes universitarios ávidos de conocimiento, los cuales dan nueva vida a un lugar cargado de historias, tensiones y resignificaciones. Pero esta fascinante historia recién comienza a escribirse.


* Doctor en Ciencias Antropológicas. Investigador del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET). Docente en Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Forma parte del Grupo de Antropología del Trabajo. Autor del libro “Cadenas de oro negro en el esplendor y ocaso de YPF”


El corazón tecnológico de YPF: los laboratorios de Florencio Varela







La "milagrera de los pueblos" en el norte de Salta

La expresión popular que refería a YPF como “la milagrera de los pueblos” permite dimensionar el impacto social de la petrolera estatal en el norte de Salta.




Por Lorena Capogrossi* | El proceso de expropiación de acciones de Repsol-YPF durante el transcurso del año 2012 generó debates profundos acerca de la propiedad de los recursos del subsuelo y permitió volver a reflexionar acerca de las consecuencias sociales, económicas y políticas que tuvieron las privatizaciones de las empresas públicas en la década del noventa. El impacto de estas últimas en los espacios regionales, particularmente por los procesos de racionalización de personal con los que fueron acompañadas, se percibe aún en los relatos de los ex trabajadores petroleros como un hito traumático que quebró marcos de referencia construidos durante décadas. ¿Por qué las rupturas fueron tan profundas? Las claves para comprenderlo se hallan en la historia.

Desde su creación en 1922 Yacimientos Petrolíferos Fiscales tuvo una presencia marcada en el territorio pues su labor excedía la mera explotación de un recurso no renovable. La llegada de la petrolera estatal a regiones alejadas de grandes centros urbanos implicaba el desarrollo de un sinnúmero de servicios sociales, habitacionales, recreacionales y educativos que beneficiaban tanto a los trabajadores y a sus familias, como a la comunidad organizada en torno a los yacimientos.

Los relatos de ex “ypefianos”, sus memorias, posibilitan aprehender los sentidos que le han dado a YPF aquellos que vivieron durante décadas bajo su tutela. Una de las expresiones más significativas que emerge de las entrevistas es aquella que sostiene que a la petrolera estatal le decían “la milagrera de los pueblos”. Esto no es otra cosa que un indicador del rol que le cupo a aquella durante ochenta años de historia argentina.

En el norte de Salta el primero en encontrar vestigios de crudo es un inmigrante español, llamado Francisco Tobar, quien en la década de 1920 cede a YPF sus derechos sobre la Mina República Argentina, ubicada en la zona que linda con lo que actualmente es Campamento Vespucio. A partir de entonces, a medida que la explotación petrolera se desarrolla abarcando actividades de exploración, explotación, refinación y comercialización, también se complejiza el entramado social de estos espacios. Si bien en sus orígenes, las condiciones de vida en los campamentos petroleros son precarias, la necesidad de constituir un plantel estable de trabajadores conduce a la implementación de innumerables beneficios, entre ellos, el otorgamiento de una vivienda. El establecimiento permanente del trabajador en la zona y la llegada posterior de su familia supone satisfacer también las demandas de consumo, salud, educación y recreación de esos nuevos pobladores. Es así que al interior del campamento se organizan proveedurías que permiten el acceso a todo tipo de bienes a precio de costo, se inauguran dos escuelas, la nacional N° 117 Sargento Cabral y la Escuela Técnica de Vespucio para los hijos de los trabajadores petroleros, se crea el Hospital General, considerado centro modelo en el país, y la empresa pone en marcha un Club Social donde se pueden practicar deportes y se realizan fiestas que son recordadas en los relatos de los “ypefianos”

Además de la constitución de una comunidad de fábrica**, la radicación Yacimientos Petrolíferos Fiscales en el norte salteño supuso una dinamización del mercado de trabajo local. Siguiendo datos obtenidos del Ministerio de Trabajo de la Nación, Barbetta y Lapegna estiman que por cada hombre ocupado en la actividad hidrocarburífera, se generaban 13 puestos de trabajo indirecto***. Haciendo una estimación grosso modo, si en el Yacimiento Norte, el plantel laboral de la firma estaba constituido a fines de los ochenta por 3.888 trabajadores de planta y 1.233 contratados, el número de puestos de trabajo indirecto rondaría los veinte mil en toda la cuenca hacia fines de la década de 1980. Teniendo esas cifras presentes, no puede sorprendernos que la desvinculación del personal durante la privatización haya tenido enormes consecuencias en los modos de vida de comunidades crecidas en torno a los campamentos “ypefianos” del país.

Reflexionar acerca de la diversidad de aspectos que tuvo el desarrollo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en los espacios regionales durante el período estatal y sobre el impacto de las políticas de corte neoliberal de la década del noventa es fundamental para poder participar en los debates actuales que buscan definir los lineamientos principales de la política petrolera en Argentina.


* Licenciada en Historia. Becaria doctoral de CONICET. Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad -CONICET-Universidad Nacional de Córdoba

** Palermo, Hernán. M. y Soul J. (2009) “Petróleo, acero y nación. Una aproximación antropológica a los procesos sociopolíticos de los colectivos de trabajo de YPF y SOMISA”. En: Trabajadores. Las experiencias de la clase obrera en Argentina (1954-2005). Schneider, Alejandro (comp). Buenos Aires: Ed. Herramienta.
*** Barbetta, Pablo N. y Lapegna, Pablo (2006): “Cuando la protesta toma forma: los cortes de ruta en el Norte salteño”. En: La protesta social en la Argentina en la década del noventa. Buenos Aires: IADE/Realidad Económica.








Reinas de la energía


Rituales petroleros y belleza femenina: un recorrido por más de medio siglo de historia argentina a través de la elección de la reina del petróleo (1947-2012).




Por Edda Lía Crespo* | La fiesta nacional del petróleo comenzó a celebrarse en Comodoro Rivadavia a partir de 1947. En la primera edición oficial se esbozaron algunos de sus rasgos originales: la bendición del petróleo y la entrega de medallas al personal de Yacimientos Petrolíferos Fiscales por las mañanas del día 13 de diciembre y por la tarde, la que se constituyó en la nota dominante de los festejos, la elección de la Reina. Con el transcurrir de los años fueron condensándose en ellas diferentes sentidos y simbologías que relacionaron rituales y belleza femenina. Es que las reinas del petróleo fueron durante largo tiempo modelos de ensoñación para tantas otras jovencitas de la zona, ya que las candidatas a reinas provenían de los distintos yacimientos que poseía la petrolera estatal en toda la Argentina, como así también de empresas petroleras asentadas en la Cuenca del Golfo San Jorge. ¿Qué se necesitaba para ser reina? Juventud, belleza y un padre dedicado a las actividades petroleras.

Por un extenso período quienes aspiraban a reina lo hacían en carácter de representantes de los clubes deportivos, asociaciones de la zona o de las denominadas “provincias petroleras”, destacándose desde 1970 la transmisión del evento por televisión en cadena nacional. Por aquellos años, los medios locales comienzan a interesarse predominantemente en estas jovencitas, interés que queda registrado a través de notas alusivas, entrevistas a las candidatas y primordialmente a través de la reproducción de imágenes de las reinas que se convierten en noticia de tapa. Asediadas por los fotógrafos, los epígrafes contrastan con las imágenes, cuando se subraya la sonrisa de la soberana, abundan las imágenes de cuerpo entero en las que ya se destaca el uso de sugestivas minifaldas. Al ser entrevistadas las reinas subrayan entre sus intereses el alcance de un título profesional, el viajar por el mundo y la inteligencia. Podemos mencionar el caso de la Reina del Yacimiento de Salta de 1967, que llegó a Comodoro Rivadavia para participar del Certamen por la elección a nivel nacional, Yolanda manifestó ante la pregunta del periodista sobre cómo sería la mujer perfecta: “El físico y la elegancia de Sofía Loren con la inteligencia de Jacqueline Kennedy”. Aspiración que parece alcanzar su punto culminante cuando Alba Steiner es coronada en 1971. Fotografiada en hotpant, Alba es la representante de la Universidad.

Hacia fines de la década del setenta, ya en pleno Proceso de Reorganización Nacional las fotos vuelven a ser de medio cuerpo, con escotes que se cierran y las polleras se alargan según los valores de pureza reservados a las mujeres por la dictadura militar. En 1983, al irrumpir en escena la democracia, las ceremonias alcanzan su punto culminante con la coronación de Azucena Caamaño quien a posteriori será elegida Miss Siete Días. Si bien la prensa local resalta sus ojos verdes, su imagen sintetiza las ambiciones de un nuevo patrón de belleza femenina, que inicia el destino de éxito de la sensualidad. Destino Individual que puede alcanzarse con prescindencia de la estructura asociativa en las que se asentaba la legitimidad de las candidatas hasta entonces.

Interrumpidas por un largo período, las ceremonias de coronación de reinas del petróleo fueron retomadas en diciembre del 2004 y han continuado prácticamente hasta el presente. Hay un atributo femenino que ha logrado perdurar a través del tiempo: el que asocia la virginidad a la belleza. Aún en nuestros días cuando se difunden con insistencia las convocatorias a las postulantes no deja de subrayarse “que no deben ser madres”. Situación paradójica si se quiere, ya que en la actualidad las reinas han perdido su lugar como heroínas populares en detrimento del protagonismo alcanzado por otras mujeres durante la conmemoración de los centenarios de las localidades de la Cuenca del Golfo y del Centenario del Descubrimiento del petróleo en la zona. En 2001 y 2007, un conjunto de mujeres en Caleta Olivia y Comodoro Rivadavia resultaron exitosas al editar libros conmemorativos en los que las imágenes allí reproducidas destacaban su rol como hijas de ypefianos. Mera ficción, puesto que las mencionadas compartían un rasgo con la Cuenca en esos momentos: el de haber perdido la capacidad de engendrar.


* Magister en Historia (Universidad Nacional de San Martín). Docente e Investigadora en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral. (UNPA). Fundadora y Coordinadora del Grupo Interdisciplinario de Estudios de Género (UNPSJB)-Integrante del Grupo de Historia Social de la Patagonia Central y Austral (UNPSJB)


Reinas de la energÃ*a








La creación de YPF y el desarrollo del modelo "mosconiano" (1922-1930)


El surgimiento de YPF y el modelo de gestión del General Mosconi que consolidó el posicionamiento de la petrolera estatal frente al sector privado.




Por Daniel Marques* | La creación de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), el 3 de Junio de 1922, durante el último tramo de la presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922), implicó la decisión del gobierno nacional de involucrarse de modo más efectivo en la actividad petrolera. Esta iniciativa se enmarcó en un contexto signado por la fuerte presión que ejercían sobre el mercado petrolero argentino –y en general sobre toda América Latina- las compañías petroleras estadounidenses (Jersey Standart) y europeas (Anglo Persian Oil Company y Royal Dutch Shell) en la competencia por el control de reservas petroleras en lo que algunos autores han definido como “la lucha petrolera de posguerra”. Además, en el plano interno, y frente a la atracción política que ejercía el problema petrolero entre los votantes urbanos, base electoral del Partido Radical, el gobierno de Yrigoyen afrontó una decidida campaña legislativa por hacer más sólida la intervención del Estado Central en el manejo de las concesiones petroleras provinciales. Sin embargo, estos intentos no fueron acompañados por el apoyo de los parlamentarios, dado la influencia de muchos senadores y diputados conservadores de las provincias con petróleo (tal el caso de Salta o Jujuy) que se negaban a otorgar al Estado central el manejo del recurso petrolero y la fractura creciente de los propios legisladores radicales ante esta cuestión. Hacia fines del primer período de gobierno de Yrigoyen las inversiones privadas extranjeras ya se habían establecido en algunas provincias argentinas como Salta y en los Territorios Nacionales patagónicos de Neuquén y Chubut.

Por otra parte, los yacimientos estatales patagónicos de Comodoro Rivadavia atravesaban una casi endémica ineficiencia dadas las carencias financieras, la falta de equipamiento y las continuas diputas laborales. La expansión de la perforación, si bien había sido significativa entre 1920 y 1922 con sesenta y nueve pozos, quedaba relegada por el impresionante crecimiento de las compañías privadas que entre 1919 y 1922 expandieron su producción en casi un 400 por ciento. Los problemas de financiamiento, una constante desde el inicio de la explotación petrolera, se vieron agravados en 1920-1921 por la confusa administración gubernamental y las falencias en la gestión desarrollada por los funcionarios del Ministerio de Agricultura de la Nación, con la falta de elaboración de presupuestos anuales, la casi ausencia en el registro de costos y ventas, la imprevisión en el control de gastos y la escasa atención a las reales necesidades de inversión en los yacimientos. Las denuncias de corrupción desarrolladas tanto por la oposición política al gobierno en el Congreso, como por los principales medios de prensa de la Capital Federal, llevaron al P.E.N. a plantear la reorganización administrativa de la explotación petrolera del Estado. El Decreto de creación de la Dirección General de YPF seguía manteniendo a la empresa en la esfera del Ministerio de Agricultura, del que dependía en materia de habilitación de fondos y de compra de materiales y equipamiento. Esta reorganización, recibida con crítico escepticismo por parte de la prensa y por los círculos políticos vinculados al Congreso de la Nación, marcó el punto de inflexión de lo que hasta entonces había sido una coyuntura signada por una escasa credibilidad hacia la política petrolera desplegada por el Estado Argentino.

La llegada de Marcelo T. de Alvear (1922-1928) a la presidencia significó en los hechos la revitalización de la recientemente creada Dirección General de YPF, en gran medida por el tenor decididamente nacionalista de las decisiones tomadas respecto del avance del capital privado sobre el mercado petrolero y, fundamentalmente, por la elección del coronel del Ejército, Ingeniero Enrique Mosconi al frente de la empresa. La acción desplegada por Mosconi, dio un impulso decisivo a la actividad, reorganizando y ampliando las operaciones de YPF en vistas a su constitución como una empresa verticalmente integrada con posibilidades de competencia exitosa en el mercado interno. Fruto de estas políticas y del apoyo obtenido de parte del gobierno central, YPF registró un crecimiento y una expansión considerable a lo largo de toda la década del 20, constituyéndose rápidamente en modelo de organización empresarial y de inversión estatal en la actividad petrolera para otros países de América Latina. Bajo la gestión de Mosconi (1922-1930), y en el marco de la expansión del nacionalismo petrolero dentro del aparato estatal, YPF adquirió completa autonomía administrativa respecto del Ministerio de Agricultura y avanzó en la implementación de sucesivos planes para el incremento de la producción de petróleo crudo en los yacimientos de Comodoro Rivadavia y Plaza Huincul.

Además, en ese período se previeron y se realizaron inversiones en bienes de capital, se ampliaron los muelles para el embarque de crudo, se construyeron talleres para la reparación de equipos y una usina para electrificar los yacimientos, y se adquirieron buques tanques adicionales para el transporte oceánico del petróleo hacia Buenos Aires y La Plata. La obra de infraestructura más relevante del período fue la construcción de una gran refinería en Ensenada (La Plata) para cuya edificación se estableció un contrato con la Bethlehem Steel Corporation de los Estados Unidos, que entró en operaciones en diciembre de 1925. Con esta refinería en pleno funcionamiento, YPF estuvo en condiciones de producir gasolina y una amplia gama de productos derivados del petróleo; entre ellos kerosene, “Agricol”, y combustible para motores diesel. Finalmente, y a efectos de llegar directamente al mercado interno, YPF creó una amplia red de distribución y comercialización para sus productos con depósitos de almacenamiento, centros de distribución, surtidores y agencias de venta al por mayor y por menor en las principales ciudades del país. Por otra parte, bajo el gobierno de Alvear, el Poder Ejecutivo Nacional dispuso a través de decretos presidenciales la exploración estatal de importantes regiones del país, suspendiendo en cada una de ellas las solicitudes de cateo y reglamentando los pedidos mineros como estrategia para frenar la acción especulativa con que se venía desenvolviendo el capital privado en este ámbito desde 1907.

Desde el punto de vista de las relaciones laborales las políticas desplegadas por Enrique Mosconi sobre los yacimientos petrolíferos estuvieron dirigidas a producir un sujeto social (los trabajadores petroleros del Estado) que aparecieran como privados de la posibilidad de generar una autonomía política y sindical y estuvieran contenidos por una estructura inclusiva (la empresa estatal) a la que debían absoluta referencia. La represión sindical, la cerrada disciplina laboral, la tendencia a sostener en su totalidad la vida cotidiana de los trabajadores y sus familias dentro del espacio “socialmente controlable” representado por el Yacimiento y la explícita intención por promover vínculos de identificación entre la fuerza laboral y la empresa y, a través de ellos, con el conjunto de la nación, constituyen algunos de los indicadores más relevantes del denominado “modelo mosconiano”.

Durante el período mosconiano se limitaron desde la directiva de la empresa todas las posibilidades para la expresión sindical, evitando la constitución y el reconocimiento de cualquier organización que representara a los intereses de los trabajadores por fuera de las pautas definidas como válidas por quienes gobernaban la compañía. Entre 1922 y 1930 el pleno desarrollo del ideario mosconiano terminó por dar forma definitiva a un modelo de organización empresaria que suponía la virtual confluencia de intereses entre directivos y trabajadores: “al encarar la organización del personal de YPF, lo hicimos con criterio humano, social y práctico, en bien de los intereses generales y del progreso de la Nación”** En esta perspectiva, cada trabajador era percibido por la Dirección de la empresa como si se tratara de un “soldado civil”, al servicio de un interés fundamental para el desarrollo de la comunidad nacional y que por tanto debía estar compenetrado en alto grado con el rol excepcional que le competía a su función: “exigimos del personal, conducido con estricta equidad y justicia, una disciplina inflexible y una rigidez absoluta en el cumplimiento de deberes y obligaciones. Todos debían entregarse por completo al trabajo con cerebro, corazón y músculo”.


*Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco

** Enrique Mosconi: El Petróleo Argentino (1922-1930). Círculo Militar. Biblioteca del oficial. Buenos Aires. 1983 (pág. 77).
*** Enrique Mosconi: El Petróleo Argentino... Ob. cit. . (pág. 77)



La creación de YPF y el desarrollo del modelo (1922-1930)








Acerca de los usos políticos de Mosconi

A partir de la distinción entre memoria e historiografía, el autor cuestiona las apropiaciones simbólicas de Mosconi.




Por Gabriel Carrizo* | En el transcurso del año 2012, a partir de las medidas tomadas por el gobierno nacional con respecto a Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la ciudad de Comodoro Rivadavia experimentó días calificados de “históricos”. En una de esas jornadas se llevó a cabo un acto en el denominado puesto Ramón Santos (que señala el límite entre las provincias de Chubut y Santa Cruz) protagonizado por los gobernadores Martín Buzzi (Chubut) y Daniel Peralta (Santa Cruz), anunciando el inicio del proceso de nacionalización de la empresa petrolera. También formaron parte de estos días, la adhesión de los rectores de las Universidades Nacionales de la Patagonia a la medida impulsada por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner o la irrupción de autoridades políticas y dirigentes sindicales en la Administración de YPF recuperando el edificio histórico en el marco de una especie de “mosconización” de la vida política.

De todos estos acontecimientos hubo uno que llamó la atención: nos referimos al denominado “acto de desagravio” de la figura del General Enrique Mosconi, realizado en Comodoro Rivadavia el pasado 4 de junio en conmemoración del día de su fallecimiento. El mismo fue impulsado por el Gobernador Buzzi y consistió en la restitución de su busto en la recuperada Administración, el cual había sido desmantelado y abandonado por parte de las autoridades de Repsol YPF. Dicho evento no fue casual: determinados personajes históricos no pocas veces han sido utilizados, cuando no manipulados, para justificar determinadas medidas. En nuestro caso, según las estrategias discursivas implementadas, habrá una manera particular de contar la historia de Mosconi, lo que evidencia claramente las disputas políticas del presente, pues en toda construcción discursiva se explicitan nuevos elementos a los significados ya asociados a dicha figura.

En este caso, quien fue el primer Director de YPF comenzó a ser reivindicado en la ciudad durante la etapa de la denominada Gobernación Militar (1944 – 1955), a partir de uno de los rituales promovido y resignificado por el peronismo: el Día del Petróleo. Por lo menos hasta 1943, Mosconi era recordado por su carácter autoritario, por el excesivo control de los trabajadores y por sus conflictivas relaciones con la dirigencia política del “pueblo” de Comodoro Rivadavia.

Por otro lado vale la pena recordar que durante los festejos del Centenario del Descubrimiento del Petróleo en el año 2007, Mosconi fue deliberadamente invisibilizado en los actos oficiales, dada la incomodidad evidente tanto del gobierno provincial como del municipal de tener que festejar los 100 años de una YPF hasta ese momento celebradamente privatizada, a sabiendas del potencial simbólico de la figura del “General petrolero” para los comodorenses. Por aquellos días, no tan eufóricos como los actuales, el entonces intendente Martín Buzzi calificaba de “estratégica” la renegociación de los contratos petroleros con Panamerican Energy (PAE) impulsada por el gobernador Mario Das Neves. En aquel año, Mosconi solamente halló cierta reivindicación en organizaciones tales como la Asociación Sanmartiniana, un sector de la dirigencia sindical, miembros del Centro de Jubilados de YPF y autoridades del Ejército, cuyas manifestaciones en algunos casos lo elevaron a la categoría de “prócer”.

Quienes protagonizaron el estridente acto de reparación mosconiana el pasado 4 de junio, no tienen por qué estar al tanto de las actualizaciones historiográficas impulsadas tanto por investigadores locales como foráneos que analizaron la figura por estos días idealizada. Pero si deberían advertir que no basta con actos simbólicos derivados de momentos de efervescencia política para reparar el daño ocasionado, principalmente a los trabajadores, por las improvisadas y perversas privatizaciones de los ’90. Ese es el principal acto de reparación a realizar.



* Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco / Universidad Nacional de la Patagonia Austral / CONICET


Acerca de los usos polÃ*ticos de Mosconi








Estado y capital petrolero en los inicios del kirchnerismo: Shell versus el gobierno


Historia de un enfrentamiento que signó el inicio del kirchnerismo. "Hagamos una causa nacional, no le compremos nada, ni una lata de aceite”: así encaraba Néstor Kirchner el disciplinamiento de los oligopolios petroleros.




Por Esteban Serrani* | Si fueron muy tensas las relaciones entre el oligopolio petrolero y la transición regresiva del gobierno duhaldista (2002-2003), las mismas no cesarían con la llegada del nuevo gobierno constitucional de Néstor Kirchner. Si bien durante el primer semestre de 2003 se había logrado firmar un acuerdo con las refinadoras para congelar los precios internos mientras se reacomodaban las cuentas fiscales, la crisis se desataba frente a las expectativas de cortes de energía en medio de una creciente demanda interna. La crítica situación seguiría varios meses, incluso durante los primeros de 2004. Desde un comienzo, la relación entre Shell y el kirchnerismo fue tensa.

En el marco de un nuevo reacomodamiento del precio del barril internacional, el 9 de marzo de 2005 Shell aumentó sus naftas sin previo comunicación ni autorización estatal. Este significaba un aumento en torno al 3 por ciento, salto inusual en la dinámica interna de los esos meses de gestión de Néstor Kirchner.

Estos aumentos implicaron una fuerte respuesta del gobierno nacional, quien en la voz de Néstor Kirchner afirmaba que “hay sectores que buscan una rentabilidad desmedida” (Diario Clarín, 10 de marzo de 2005), e impulsó un boicot nacional contra los productos de la empresa anglo-holandesa. “Hagamos una causa nacional, no le compremos nada, ni una lata de aceite. No hay mejor acción que ese ‘boicot nacional’ que puede hacer el pueblo a quienes se están abusando” (Néstor Kirchner, en Diario Página/12, 11 de marzo de 2005). A los pocos días de lanzado el boicot, sólo Esso se sumó a los aumentos programados por Shell, al tiempo que las demás empresas que vendían combustibles (YPF y Petrobras) respetaron los acuerdos de precios pactados con el gobierno. Ante la decisión de Esso, el gobierno prosiguió con el boicot petrolero contra las empresas que subieran precios, mientras buscaba otras herramientas para amedrentar la desafiante acción empresaria. En este sentido, si la ofensiva gubernamental contra las refinadoras tenía un amplio apoyo popular (ya que protegía el precio de los combustibles “en el surtidor”), presiones internacionales se sumaban abogando por la seguridad jurídica de las inversiones extranjeras en el marco de la completa desregulación sectorial con que este mercado operaba, fruto de las reformas neoliberales de los ´90. El FMI apoyaba tanto a Esso como a Shell, al sostener que “parece imprescindible que haya reglas de inversión claras y respetuosas con el funcionamiento de la iniciativa privada” (Diario La Nación, 16 de marzo de 2005).

En definitiva, el 22 de marzo la Subsecretaría de Defensa del Consumidor del Ministerio de Economía presentó una denuncia por violación de la Ley de Defensa de la Competencia contra Shell y Esso, y se les aplicaron multas cercanas a los 150 millones de pesos. El argumento central de la subsecretaria Patricia Vaca Narvaja, se centraba en que la suba de precios amenaza la permanencia de las estaciones de servicio asociadas a esas marcas, lo cual perjudicaría a los consumidores porque restringirá en el futuro la variedad y cantidad de la oferta de combustibles líquidos. Los dueños de las estaciones de servicio “no pueden por sí definir los precios de venta al público de los combustibles que expenden en sus establecimientos”, sino que les vienen fijados desde las empresas oligopólicas. Así, el gobierno responsabilizaba a Esso y a Shell de poner en riesgo a centenares de estaciones de servicio, lo cual profundizaría la concentración del mercado.

La cruzada gubernamental contra Shell (y Esso) no sólo tenía como objetivo principal conseguir que las empresas terminaran bajando sus precios. Al gobierno de Kirchner le preocupaban que ese comportamiento desafiante de las grandes empresas del país pudiera disparar simultáneamente dos procesos complejos de manejar. Por un lado, reavivar la “expectativa inflacionaria”, que a modo de “efecto contagio” podría dispararse cuando la suba de los bienes estratégicos hiciera que hasta los pequeños comerciantes superaran sus precios y acumularan stocks para preservarse. En segundo lugar, estaba el riesgo efectivo de desabastecimiento de gasoil en el preciso momento en que comenzaba la cosecha de granos. Sabiendo de esta dependencia interna del gasoil, la estrategia de Shell era la de buscar presionar para que, asegurando la oferta interna, habilitara una suba de precios sin ningún tipo de compromisos de nuevas inversiones o de ampliación de la extracción. Las disputas estuvieron a la orden del día y el clima tenso entre capital petrolero y Estado siguieron durante todo ese año.

Sin embargo, desde finales de 2005, la velocidad del crecimiento de la demanda energética no fue acompañada por el incremento de la oferta, situación que disparó nuevos “cuellos de botella” en el abastecimiento interno de combustibles, especialmente gasoil. Esta situación llevó a la segunda intimación formal que prosiguió este duelo, cuando en septiembre de 2006, y en un marco de estrangulamiento de la oferta de gasoil en el país (el más demandado por el transporte y el agro), Shell lanzó el “Gasoil V-Power”, una línea de mayor calidad, menor contaminación, pero que su precio final sería un 10 por ciento superior al que se manejaba en plaza. Así, la firma anunciaba que este lanzamiento no implicaba un incremento de la extracción y que dejaría de vender el gasoil más barato de su oferta en muchas estaciones de servicio. Este anuncio mostraba la estrategia de la firma, que intentaba desplazarse hacia los productos más caros del segmento, al mismo tiempo que el gobierno impulsaba un nuevo acuerdo con las petroleras para sostener el precio interno de los combustibles. En definitiva, Shell era la única petrolera de las cuatro grandes redes de estaciones de servicio que no estaba dispuesta a importar gasoil para asegurar el abastecimiento interno, ya que “nuestros clientes no lo demandan”, sostenía el presidente de Shell, Aranguren (Diario Página/12, 27 de septiembre de 2006). Esto revelaba que a la empresa sólo le importaba quedarse con una cuota de mercado más pequeña pero de mayor valor agregado.

La respuesta lanzada desde la Secretaría de Comercio Interior del Ministerio de Economía fue una intimación al “cese inmediato” en la comercialización del “V-Power”, ya que para el gobierno esta estrategia de Shell era un virtual aumento de precios en un contexto de escasez. La Resolución 1334/2006 firmada por la Secretaría de Energía, finalmente logró que Shell retirara su nuevo gasoil “V-Power” de las 192 estaciones de servicio, que ya habían comenzado su comercialización.

En efecto, el desacuerdo entre el gobierno y las empresas oligopólicas se organizaba alrededor de la pretensión estatal de querer regular un mercado totalmente desregulado desde los ’90. En esta pulseada, los efectos simbólicos de doblegar al adversario eran tan importantes como los resultados económicos del alza o control de los precios. Los que estaba en juego era la capacidad (o no) de disciplinar al capital en orden a una fuerte regulación estatal en los precios internos.

Ya en 2006, la embestida del gobierno sobre la petrolera proseguiría. En busca de disciplinar la acción empresaria, el 5 de marzo el gobierno le impuso una multa de 23 millones de pesos a Shell, al responsabilizarla de incumplimiento de la Resolución 25/06 de Secretaria de Energía, reglamentaria de la Ley 20.680 (de abastecimiento interno). Allí, se acusa a la empresa de desabastecimiento de gasoil, al no proveer en sus diversas versiones, y de manera habitual y continua, a una cantidad considerable de estaciones de servicio en todo el país.

Sin lugar dudas, las sanciones fueron apeladas por la empresa, y demoradas judicialmente durante varios meses. Mientras tanto, las disputas entre el gobierno y Shell continuaron durante el siguiente año, mediando incluso nuevas multas tras acusar que la empresa seguía “secando” el mercado interno de gasoil.

La pulseada iniciada en marzo de 2005 continuaría durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, cuando en enero de 2008 se desató una nueva puja entre Shell y el gobierno, al no estar dispuesta a retrotraer los precios de sus productos a octubre de 2007, como había exigido el gobierno y habían acatado YPF, Esso y Petrobras. Finalmente, el 25 de enero Shell dio marcha atrás con los aumentos, medida que fue largamente acompañada por los expendedores independientes de combustibles de la marca Shell, quienes se vieron aliviados ante la decisión de la empresa de retrotraer los precios, agradeciendo “la madurez empresaria" y la intervención del gobierno nacional para que adoptaran esa medida (venían perdiendo entre 30 y 50 por ciento de ventas al ser los únicos que no habían rebajado los valores al nivel del 31 de octubre, como sí hicieron YPF, Petrobras y Esso) (Revista Mercado, febrero de 2008).

En definitiva, más allá de apoyos coyunturales a las subas de precios, la defensa corporativa de las petroleras era contundente en pos de sostener la ausencia de regulación estatal sobre la dinámica de la extracción, precios e inversiones.


* UBA-CONICET


Estado y capital petrolero en los inicios del kirchnerismo: Shell versus el gobierno








“Herramientas de la estatalidad": acerca de la nacionalización de YPF


La nacionalización de YPF supone abordar problemáticas y desafíos que exceden el marco de la productividad de la empresa. El rol de los trabajadores y la inserción social de YPF en esta nueva etapa.




Por Hernán M. Palermo* | La nacionalización de YPF, el 16 de abril de 2012, puso fin a más de 20 años de inercia política respecto del proceso iniciado en 1990. De pronto, aquello que fuera bandera histórica de lucha de innumerables grupos de ex trabajadores “ypefeanos” a lo largo y ancho de la Argentina, era concretado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando anunciaba en cadena nacional que el Estado argentino expropiaba el 51% de las acciones pertenecientes a la empresa española Repsol, logrando con ello la renacionalización de la empresa. A partir de aquel anuncio -y el posterior envío de un proyecto de Ley al Poder Legislativo que fue debatido y aprobado por mayoría- se multiplicaron en diversos medios de comunicación opiniones de todo tipo de investigadores, intervenciones de economistas y funcionarios políticos augurando los escenarios más disímiles, e incluso la cínica posición política de Carlos Menem, principal impulsor y ejecutor del vasto programa de privatizaciones, quien apoyaba públicamente su renacionalización.

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) fue una empresa que, a través de sus políticas sociales y territoriales, vertebró nuestro país, no sólo en una dimensión concreta tendiendo puentes de norte a sur, de este a oeste (creando pueblos y ciudades que deben su existencia al desarrollo emanado por la petrolera estatal) sino que fundó un profundo sentido de pertenencia y apropiación entre los trabajadores, sus familias y en el conjunto de la sociedad. El anuncio de la nacionalización resonó en distintos lugares de la Argentina, en particular en aquellos territorios petroleros que supieron crecer al calor de YPF estatal. La nacionalización revitalizó expectativas y esperanzas frustradas, producto de 20 años de gestión privada orientada sólo a la maximización de la ganancia. Y acá radica la diferencia de una empresa controlada por el capital privado y una empresa, con una extensa historia, conducida por el Estado: mientras que para el capital privado el único objetivo es el saldo contable en los niveles pretendidos, para una empresa controlada por el Estado no sólo se procura “el negocio” sino que debe intentar pensar y dar respuesta a aquellas problemáticas sociales indiferentes al capital privado. Muchas respuestas serán encontradas en la misma historia de YPF y muchas otras deberán ser materia de un proceso de creación novedosa a partir de este nuevo contexto. En tal sentido, es pertinente problematizar si la “responsabilidad social empresaria” de las corporaciones multinacionales nos aportan soluciones o es necesario madurar nuevas respuestas a partir de “herramientas de la estatalidad” -es el nombre que encuentro por el momento- para abordar aquello que está vinculado con “lo social”.

En aquellos territorios petroleros con altas tasas de ocupación y bajísima desocupación se suscitan problemas, algunos históricos y otros producto de la privatización de YPF, tales como aumento de la violencia, violencia de género, padecimientos psíquicos-físicos-sociales consecuencia de la actividad petrolera, fracturas y tensiones sociales de universos petroleros y no petroleros, etc. La paradoja es que en ciudades donde el empleo no es un problema por su falta se suscitan innumerables situaciones de tensión que tienen su explicación en procesos sociales complejos que atraviesan estas sociedades. Comprender estos fenómenos y afrontarlos ameritan un abordaje más amplio y profundo que las propuestas esbozadas por el management multinacional y que claramente no se cuantifican en términos de ganancia.

La nacionalización sólo fue posible gracias a una fuerte voluntad política. En tal sentido se abre un nuevo escenario respecto a cuál será el rol del Estado, cómo se definirá la gestión y uso del petróleo como recurso estratégico para el desarrollo de la Nación, cómo será el vínculo estratégico con la UNASUR y sobretodo cuál será el lugar que ocuparán en esta nueva etapa sus trabajadores. Este proceso está destinado a generar condiciones propicias para revertir la precariedad impuesta por el orden privatista, pero para ello es necesario ensanchar los debates, no solo de la reinversión de las utilidades para llegar al objetivo del autoabastecimiento –fenómeno que ya está en proceso y con amplias posibilidades de cumplirse- sino también debatir y repensar la inserción de la empresa en las comunidades petroleras y no petroleras, condiciones de contratación y gestión del trabajo: en definitiva aquello que no encontró respuesta durante estos 20 años de gestión privada.


* Doctor en Ciencias Antropológicas. Investigador del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET). Docente en Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Forma parte del Grupo de Antropología del Trabajo. Autor del libro “Cadenas de oro negro en el esplendor y ocaso de YPF”


“Herramientas de la estatalidad: acerca de la nacionalización de YPF








"La decisión política de recuperar YPF marca un camino que es ir por más"


El “Chiru" López es un gremialista histórico de la actividad petrolera. Especialista en perforaciones, fue formado por YPF y trabajó en la petrolera estatal desde 1975 hasta 1991, cuando fue uno de los primeros despedidos por "motivos políticos". Militó activamente en contra de la privatización y en la actualidad es una referencia ineludible a la hora de abordar la actividad petrolera en Argentina.




- Entraste a trabajar en YPF en el año 75 ¿Es así?

Rodolfo “Chiru” López: Sí, soy originario de La Plata, ahí me recibí de ingeniero mecánico. En esa época había cursos de capacitación y preparación para distintas empresas estatales, ferrocarriles, YPF, Aerolíneas. Con muchos amigos decidimos entrar al curso de YPF que daba el Instituto Argentino de Petróleo, nos recibimos de ingenieros en petróleo y decidimos trabajar por todo el país. Algunos estudiaban para ponerse a trabajar en la refinería de La Plata, otros en Dock Sur. Muchos decidimos ir a trabajar a los yacimientos en los campos petroleros. Había distintas orientaciones, para trabajar en refinería, en talleres de reparaciones navales, en los yacimientos para producción, en perforación, etc. Yo elegí trabajar en el desierto, en los campos, y por eso decidí trabajar en perforación. Así decidí trabajar en lo que es el origen de YPF. El origen de YPF es el Departamento de Minas e Hidrología del viejo Ministerio de Agricultura de la Nación, que hacía pozos por todo el país hasta que encontró petróleo en Comodoro Rivadavia, ahí arranca YPF.

- ¿Con el golpe militar del 76 ya se empezaron a vislumbrar cambios en la empresa?

RCL: Sí, a mi ese golpe me tocó en Plaza Huincul, era delegado de base, a algunos compañeros los metieron en cana, empezaron a perseguirnos. Recuerdo que hasta esa época todo se hacía por administración, no había nada contratado. En la época de la dictadura ya empezaron a aparecer compañías de servicio, compañías privadas internacionales que contrataban para operar en los equipos de perforación. Empezaron a aparecer distintas companías para vender productos primero y después para operar las especialidades. Así fueron desplazando la actividad de los especialistas de YPF.

- ¿Cuántos laburantes había en YPF cuando entraste vos?

RCL: No recuerdo exactamente pero se hablaba de 45 mil trabajadores en la época de Frondizi. Yo entré en la etapa de Cámpora y eran unos 35 mil, ya habían empezado a achicar. Y cuando en el ´91 despedazan a YPF, había 28 mil trabajadores. Se fue achicando bastante, sólo en la época de Frondizi fue tan alta la planta.

- En el 90, 92 empieza el desguace de YPF. ¿A vos te echan en el 91?

RCL: Sí, cuando estaba en Plaza Huincul, estaba enrolado en una corriente petrolera de la Juventud Trabajadora Peronista, la agrupación se llamaba Carlos Pierini Chávez, en homenaje a los compañeros asesinados en La Plata, Carlos Pierini y el Sargento Chávez. Fue un acuerdo que hicimos con los compañeros ponerle ese nombre porque era emblemático, Carlos Pierini era trabajador de YPF y fue asesinado en la misma etapa que el Sargento Chávez, padre de Gonzalo Chávez. Hay un libro de un amigo que ahora vive en Neuquén que habla de todo eso, es un cantautor conocido como Richard Zapata. Cuando vino la dictadura muchos compañeros cayeron en cana, incluso Richard. Otros se fueron del país y la verdad que yo me salvé de casualidad, el golpe nos agarró en Plaza Huincul.

- ¿Qué otros cambios operó la dictadura además de la incorporación de las empresas contratadas?

RCL: Es largo de explicar, porque YPF era una empresa múltiple e integrada, tenía desde hospital hasta sindicatos por separado, para las distintas actividades de YPF. Inclusive, no solamente tenía un hospital, también tenía proveeduría, jardinería, era una empresa múltiple.
El gran Departamento de Perforación era el sector que iba explorando, dirigido por la gente de geología. Tenía muchas actividades, desde el mantenimiento de las máquinas, la compra de máquinas de perforación, la reparación, los productos para perforar, las cuadrillas de gente para perforar, especialista de motores, de perforación, especialistas de instrumental, había de todo. Estaba controlado por los talleres que YPF tenía en cada lugar. Después, empezaron a contratar la reparación de motores, de instrumental, empezaron a comprar productos importados para perforar, contratar compañías para que asesoren...

Los trabajadores iban siendo desplazada o transformados en inspectores, con lo cual, se cortaba la carrera de la actividad. Así empezó la privatización periférica. El compañero Germán Abdala, ya fallecido, habló de la teoría de la privatización periférica para atacar el centro y así fue.

Primero era la renta de la actividad que se hacía para conseguir los pozos y las propias refinerías y después iban por la cuestión central que era el núcleo de todo eso, que es la renta petrolera. Es como un inversor que va a construir un edificio, construir el edificio ya era un negocio pero también es un negocio alquilarlo. Ahora hay todo un proceso de sandar esa cuestión de entrega del patrimonio nacional, una recuperación parcial pero muy importante, un paso gigantesco que es el control estatal de la empresa YPF.

- ¿Cómo fueron los distintos embates para privatizar primero la periferia y luego la empresa total? ¿Cuál fue la resistencia de los trabajadores? Porque siempre está esa lectura en torno a que la privatización era legítima.

RCL: La resistencia empezó fuerte en la etapa de Alfonsín con el SUPE a la cabeza, con Diego Ibáñez, porque era un gobierno ajeno pero después empezaron los acuerdos. Diego Ibáñez era diputado del bloque nacional, ahí empezó una etapa de ciertos acuerdos pero siempre con resistencia a las privatizaciones periféricas.

Me acuerdo que en la etapa que definía Menem-Cafiero, participé en el Congreso de energía justicialista, sacamos un ante proyecto de ley de hidrocarburos que hoy por hoy sería revolucionario. Ese proyecto tenía que llevarlo adelante quién ganara la interna Menem-Cafiero, la ganó Menem y ese papel ya sabés dónde se lo metió. Prometió todo, hizo todo lo contrario y terminó diciendo que si decía lo que pensaba hacer no lo votaban.

Diego Ibáñez en lugar de resistirse a ese proyecto, se sumó, con lo cual nos paró y nos empezó a perseguir a todos, una persecución muy grande y un desaliento para la lucha, había que acordar, si no acordábamos perdíamos todo. Ya con esa teoría de aflojar un poco para no perder todo se fueron concediendo varias actividades periféricas y después vinieron por todo. En la etapa del menemismo ya no sólo había que entregar áreas periféricas sino actividades concretas.

En aquella época, cuando conocí a Germán Abdala, recuerdo que el movimiento sindical ya estaba dividido, con los 25, la CTA, el MTA de Moyano, el famoso “Perro” Santillán. Hicimos esa gran marcha federal, no sabíamos cómo resistir a las privatizaciones. Recuerdo que en la Federación de Box, estaba el famoso ENSIPRON, Encuentro Sindical por el Proyecto Nacional; yo fui a llevar el testimonio de nuestra lucha, les decíamos que nos paraban los equipos de perforación a propósito, que nos boicoteaban desde adentro porque no nos daban combustible y ellos decían que teníamos que dejar de ir.

Como no nos compraban herramientas y no nos dejaban trabajar, llegamos a la conclusión que teníamos que tomar YPF.

- ¿Cuándo comienza Estenssoro su gestión?

RCL: No recuerdo muy bien el año pero también tenía una idea privatizadora, a nosotros nos odiaba, decía que había que “sacarse la grasa de encima”, todos los grasas a los que se refería Estenssoro hoy somos reconocidos en toda Latinoamérica. Estenssoro empezó con el ajuste interior, nosotros trabajábamos 8 horas y empezamos a trabajar 12 horas, es una explotación enorme, ganan bien pero trabajan de manera esclavista. Los sindicatos petroleros privados también acuerdan con eso, la gente que trabaja en los turnos de perforación trabaja 12 por 12, están violando la ley. La ley de contrato de trabajo dice que entre jornada y jornada de trabajo tiene que haber 2 horas de descanso y lo resuelven transformando las horas de viaje en horas de descanso, como si adentro de la camioneta, cuando viajás 2 horas te fueras bañando o lavándote los dientes.

Cuando fue Cristina a inaugurar el primer pozo de exploración profunda que hace YPF después de muchos años en el país, que también tiene que ver con el shale, exploraciones de perforación horizontal, que es mi especialidad, llevamos un documento explicando la importancia de que Cristina venga a inaugurar eso porque de esa manera se recupera la actitud soberana de exploración con la experiencia más profunda que fue la plataforma General Mosconi.

Ahora nuevamente se retoma una actitud soberana desde el punto de vista petrolero que es explorar para ver dónde tenemos recursos. Nosotros lo recibimos muy bien, en contra de una opinión generalizada, especialmente acá, en Buenos Aires, y que se extendió por todo el país, en contra de la exploración profunda de YPF. Especialmente con el famoso shale y los pozos horizontales, diciendo barbaridades y estupideces.

- En general venís de una larga trayectoria de lucha y de laburo en YPF. ¿Cuáles son tus sensaciones cuando ves la empresa recuperada y como lo vivís?

RCL: Después de todo eso me salió la vena poética, ese romanticismo que teníamos de muchachitos. Cuando me preguntaron en Radio Nacional, yo sentía que había flores, veía flores. Recordaba al “Lupo” cuando decía que nazcan mil flores, veía como una nueva primavera petrolera. Ahora me doy cuenta por qué, era una nueva luz, una nueva esperanza, porque si bien no es todo, es el 51 % del 30 % de la actividad petrolera, el control del 51 % de una empresa que domina el 30 % de la actividad petrolera es un paso gigantesco. Muchos de nosotros esperábamos que se hiciera mucho antes, técnicamente hablando, desde el punto de vista económico correspondía hacerlo antes. En toda decisión siempre hay dos componentes, la actividad económica que es fundamental y también está el componente político y acá creo que tienen peso las dos cosas pero más peso tiene la decisión política de hacerlo porque marca un camino que es ir por más.

En el rubro de la actividad periférica petrolera también, porque podemos hablar qué significa hoy la herramienta perforadora de la Argentina. El petróleo es un buen negocio pero la actividad que gira alrededor del petróleo también es un buen negocio. Nosotros lo explicamos en muchas charlas como lo que pasa en la construcción, para un tipo que tiene que invertir, compra un departamento al pozo y construye un departamento a menor valor que comprarlo hecho y después lo alquila. ¿Cuál es el negocio del tipo que invierte? El alquiler del departamento, pero está el negocio que no se ve que es la construcción de ese departamento, las constructoras también hacen negocio. En Argentina, que no es un país petrolero sino un país con petróleo, el gran negocio es la actividad de buscar el petróleo. El negocio es buscar el petróleo, hacer el pozo, meterle cañerías, caminos, locaciones, el acero que se entierra que es mucho, la refinación, no sólo la venta del petróleo.

Raúl Scalabrini Ortíz decía que en el concierto de naciones de todo el planeta, Argentina estaba en el 38º lugar como país productor de petróleo, es un lugar bastante lejano. Sin embargo para llegar al 38º lugar, tuvo que llegar al 3º lugar como país con mayor cantidad de pozos perforados en el mundo. Esto significa un esfuerzo enorme de perforación, y es por la baja producción que Argentina tiene una gran experiencia en perforación.

- Hay una gran discusión que tiene que ver con el impacto ambiental de la exploración.

RCL: Hay mucha traslación mecánica, en Estados Unidos no hay regulación petrolera, el que es dueño de un campo hace lo que se le antoja, es muy liberal, y en Europa también es así.

El petróleo está alojado en lo que se llama roca reservorio, es decir, que está en el lugar más poroso y permeable, es una roca que tiene muchos poros y muy bien conectados entre sí, es lo que se llama buena permeabilidad, eso es lo que se ha usado siempre, inclusive hay petróleo que se descubre en superficie. Todos sabíamos que hay una roca que no es reservorio, que es la roca originaria de petróleo, roca madre o generadora de petróleo, una especie de masilla que se exprime y el petróleo fuga hacia lugares donde puede estar más cómodo pero siempre queda petróleo en esa roca madre que puede ser líquido o gaseoso. Esa roca madre nunca fue explotada porque tenía baja permeabilidad, con las técnicas nuevas de perforación horizontal, que agrandan la superficie de contacto, se puede navegar perfectamente bajo la roca como si tuvieras un submarino bajo tierra, con un diámetro pequeño como el de una pelota de fútbol, 7 u 8 pulgadas, se puede navegar perfectamente, saber dónde estás y hacia dónde vas. Mientras vas perforando vas viendo lo que estás perforando, un mecanismo muy ingenioso y mucho más tecnológico. Ese pozo horizontal aumenta el drenaje de la superficie, con lo cual, tenés más posibilidades de que salgan gotas.

Con las mega fracturas, que son fracturas muy grandes y múltiples que superan las que se vienen haciendo desde épocas anteriores a Frondizi, donde se usa mucha presión y mucho agua para que se genere una permeabilidad artificial, se puede producir a una roca madre, lo que antes no se podía hacer se hace ahora conectando dos grandes técnicas, la perforación horizontal y las mega fracturas. Si eso se hace a mucha profundidad ni se nota en superficie, pero si lo hacés a 200 o 300 metros de profundidad podés fracturar hasta la superficie, esto es lo que están haciendo en EE.UU. No es el caso de Argentina, en Argentina se va a fracturar a 2.500 metros de profundidad, ni una bomba atómica puede llegar hasta arriba.

Los ultra ecologistas están diciendo que vamos a fracturar el terreno, que nos vamos a equivocar, que el trépano va a salir a la superficie y vamos a contaminar el jardín de Doña Rosa, todos disparates. Se basan en una película que se llama Gasland, que tecnológicamente hablando es una basura anticientífica, porque no dan datos y trasladan barbaridades que han hecho los yanquis a la Argentina sin analizar profundidades, perforaciones ni presiones de formación, presiones geostáticas, ni de fractura. Ese es el problema, que trasladan esas barbaridades y es lógico que se preocupen por el medio ambiente y por supuesto que está bien preocuparse por el medio ambiento y que se controle ese tema pero una cosa es lo que se hace en Estados Unidos y otra es lo que se va a hacer en Argentina, son cosas muy diferentes.






A menos de un año de la renacionalización, YPF ha alcanzado notables logros en relación con la estrepitosa caída productiva que caracterizó el periodo de gestión privada de la empresa. El balance del 2012 arroja un crecimiento de la producción de petróleo de 2,5%, contra un descenso del 8% en 2011. A su vez, en el caso del gas, la curva descendente, que había alcanzado el 11%, disminuyó a 2.3%. Y un dato fundamental, relativo al fenomenal déficit energético que heredó la nueva gestión, establece que la importación de combustibles de YPF descendió un 54% en el caso de las naftas y un 33% en el gasoil, en relación con 2011.

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