Maestro Inspirador de Sueños

En esta sección les presentamos un escrito que reflejan la pasión… En esta entrega, el eterno Diego Armando Maradona.

Ya pasaron dos días desde que la noticia explotó como una bomba nuclear de tristeza, esparciéndose por todos los rincones de nuestros cuerpos y de nuestras vidas.

Estoy empezando a escribir esto después de 48 horas de haberme apagado un poco. Juro que me está costando más de lo que alguna vez creí. Me duele mucho más de lo que cualquiera pudiese haber imaginado.

En estos casi 10 años que escribo en Planeta Boca Juniors le escribí varias veces a Diego, desde su debut hasta el retiro, pasando por lo que nos produce. Esta es la nota número 10, no podía ser de otra manera. Pero nunca quería hacerlo así, partiendo deesas placas que se replican en todo el mundo y los titulares que parecieron extenderse como un virus. Esa cosa que dice “Murió Maradona” y la otra peor que sentencia: “Murió Diego”. Porque cuesta creerlo, porque no puede ser. Porque en una de las últimas notas sobre él, cuando estuvo en un partido a beneficio en Río Tercero, puse: «Pasó Maradona por Córdoba.  Pero es una forma de decir que pasó. Él es ese ser que nunca se podrá ir».

Trascender

¿Pero cómo se va a morir Maradona? ¿Pero cómo se va a morir Diego?

Esa pregunta retumba como la foto de su palco en La Bombonera, siendo la única luz en una noche tan oscura. Iluminando eso solo a todo un estadio que lo ha tenido en sus diferentes versiones. Donde se mostro más hincha que nunca, menos correcto que siempre.

El 25 de noviembre esas preguntas parecieron una joda. Un chiste de alguien allegado a Havelange, Blatter, Codesal o vaya uno a saber quién. Pero no. Fue un golpe de knock out, como el que sentía Diego con la adicción y le confesaba a Susana Giménez en su living. Una cachetada que no entendió de colores ni fronteras, porque Diego se encargó de borrarlas.

Las primeras horas después de ese mediodía fatídico fue el llamado de mi viejo después de la siesta. El “¿te enteraste?”, la respuesta cortada y cortante que lo asentía. Fueron mensajes desde Brasil con un “estamos tristes todos”. Fue Giannina desde Uruguay que aún no hizo el duelo por el tipo por el que su padre le puso ese nombre. Fue Florencia queriendo abrazar lo inabrazable. Haciendo las veces de “Claudia” pero de acá, para no caer de más. Fue Damián que desde Montevideo no lo puede creer aún y encima tira una verdad: “Encima no está Galeano para que defina mejor esto”. Se sabe que Eduardo fue el que mejor lo entendió, según el mismísimo 10.

Y sí. Pasan las horas y es cada vez peor. A quienes la noticia nos cortó las piernas, necesitamos de ayudas para entenderlo, para explicarlo, para recordarlo. Porque quien escribió Las Venas Abiertas, no está para consolar a un pueblo que tiene la herida muy profunda: se murió el abanderado de los humildes. Porque Valdano, quien siempre tiene palabras justas, del otro lado del Atlántico se quiebra. Porque “Goyco”, que lo disfrutó desde adentro es el llanto de una generación, que fue criada sin poder llorar. Porque Diego no está para tranquilizar a los derrotados, como el pibe que perdió la final en los Juegos Evita. Porque el miércoles se murió la infancia y la juventud de muchos que se ilusionaron por primera vez con el que soñaba con jugar en Primera. Y la verdad, todavía no se inventó la palabra para expresar todo eso.

Hasta siempre

Es jueves 26 de noviembre. O mejor dicho: es jueves 01 D.M. (Después de Maradona). Me costó dormir anoche. Terminé mirando todo, sin ver nada.

Hoy duele más que ayer, porque las fichas caen como si fuese una máquina de esas que tirabas una para que cayeran las demás. Esa ficha es el velorio que se arma y se descontrola (podría ser una metáfora de una parte de la vida de Diego). Estoy en el trabajo, pero no estoy. Escuche lo que escuche lloro y más cuando se comenta la confirmación de que el velorio será corto. Muy corto. Dos días en la vida nunca vienen nada mal, pero para Diego mínimo dos semanas.

Me destroza. Quiero escribir. No puedo. Retuiteo cualquier cosa que tenga que ver con el 10. Nunca más seremos testigos de algo tan magnífico. Algo que no podemos dimensionar y que nunca podremos hacerlo. Me cae la última ficha y la más pesada. Nunca podré conocer a Diego. Esa confirmación es la patada que le dieron de atrás en el Barcelona, cuando Diego al caer busca quien fue el culpable. Estoy buscando un culpable de todo esto. Estoy seguro de que no fue solo Maradona y su vida. Una vida mítica, de película, increíble en cada movimiento. Una vida que millones quisimos vivirla, pero que muchos más no podríamos haberlo hecho. Un día de Diego es una década nuestra. Pero, de todos modos, lo creo más que nunca: “Si yo fuera Maradona, viviría como ÉL”. Porque entiendo que él solo pudo haberlo hecho. El éxito, la fama, pero sobre todo la genialidad y la deidad se pagan. O es lo mismo decir que “la vida es una tómbola”.

Sigo el viaje del coche fúnebre como el peor final de una película de terror. Quiero creer como en ellas que es todo mentira. Siento la misma tristeza que cuando se murieron mis abuelas. El féretro de Diego golpea como nunca. Le escribo a mi hermana y le pido disculpas -como si hiciera falta- pero siento más dolor que ante las muertes de mis abuelas.

D10S

Tuve un pasado muy ligado a la Iglesia. Tanto que hasta pensé en algún momento irme al Seminario. Lo único que me frenaba en algún momento era no poder escaparme un domingo para ver a Boca. Lo otro era tener cierto ídolo. En 2004, en tiempos de MSN, en mi foto de perfil se leía “Dios ayudalo a D10S”. Nunca me perdonaron esa comparación. Nunca quise dejar de hacerla, por más que siempre me hacían ruido las críticas.

Uno de los libros que más me gustó leer fue “El Evangelio según Jesucristo” de Saramago. Allí Cristo se ve envuelto varias veces en las tentaciones, como la de escaparse de su destino. Cuando lo terminé pensé: “Si Jesús tropezó porque ÉL no habría de hacerlo”.

En 2012 me tocó entrevistar a Dalma Maradona, de cara a su unipersonal “La hija de Dios”. Una de las preguntas era qué pensaba de esa gente que tenía a su papá como un ser divino. Me respondió algo así como que eran unos boludos. Como la vez que el 10 se presentó como Diego Deshonesto Maradona, al criticársele La Mano de Dios, yo le di la mía a su hija y le dije: “Estás hablando con un boludo”.

Eduardo Galeano se quejaba de llamar bobo al corazón por lo mucho que trabajaba y no porque se enamoraba, cuando escribía sobre el tiempo de los tramposos. “Quien no se hace el vivo va muerto. Estás obligado a ser jodedor o jodido, mentidor o mentido. Tiempo del qué me importa, el qué le vas a hacer, el no te metás, el sálvese quien pueda”. Pero nuestros corazones boludos, palpitaron con más fuerza por Diego. Porque nos enamoramos de ese dios sucio. Porque nadie entiende lo que significa que alguien se haya hecho el vivo para joder al jodedor; para dejar expuesto al mentidor. Porque de esa manera empezó a salvar a los que no lo pueden hacer. Generalmente las religiones son apagadas, tristes, grises. Maradona fue luz, fue alegría y multicolor. Tal vez el mejor resumen de eso fue la bandera que colgaron en el cementerio de Nápoli en 1987, después de que ganara el primer Scudetto. Le decían a quienes yacían allí: “No saben lo que se perdieron”.

Ya es viernes. Toda la gente que despidió ayer a Maradona multiplicó excesivamente a la que despidió a Jesús frente a Barrabas. En aquel entonces habían elegido mal. Esta vez el pueblo no se confunde y llora. Y llora porque sabe que la historia a veces se equivoca. Porque es viernes y seguimos llorando al D10S, al tipo que llegó a esa condición desde el barro mismo, a ese que la feligresía le sigue diciendo: “Diego, en vos confío”. Porque es el único que puede cumplir los sueños de quienes no pudieron soñar. La Iglesia Maradoniana, la institución de esa religión sin ateos llora frente a la estampita. Porque es el tercer día y Diego, el más humano de los dioses, el que murió tantas veces y resucitó otras, esta vez no lo hará.

Hombre bandera

En el velorio una mujer que había entrado a Casa de Gobierno al salir lo llora. Está desconsolada. Dice que “es el abanderado de los humildes”. Nadie habla en tiempo pasado. Eso es una de las cosas más impactantes en las primeras horas. Lo que más se escucha no es “¿cómo murió?”, si no “¡¿cómo se va a morir el Diego?! El “se va a morir” es porque todavía no lo hizo. Ver a la gente es saber que no lo hará, porque se olvida lo que no se recuerda, se piensa y nadie podrá dejar de pensarlo, ni de recordarlo. Ni de revivirlo…

Hay un señor que grita “Fuerza Diego”. No puede ser pasado aquel que les habló de futuros a los que menos tienen. Quien desterró desesperanzas, que les hizo olvidar los olvidos, reescribiendo la historia que hacía ruido en los techos de chapa. Por eso debe haber jugado así, porque en sus piernas pateaban millones y millones que le decían “Fuerza”, porque de esa manera se daban fuerzas ellos. Por eso debe haber sido su vida así, porque en sus piernas veían millones y millones que lo vieron como un producto, una marca.

No se llora solo a Maradona. Se llora a lo que significó y significa. Y se seguirá llorando por tantísimo tiempo. Nos quedamos más huérfanos que de costumbre, en el país que siempre se creyó el mejor del mundo y que sólo lo logró con una pelota de fútbol. Entonces ahí se entiende mucho de lo que está pasando o se trata de explicar.

Porque Diego fue la única persona que pudo unir a un país que nació con una grieta. Capital vs interior; unitarios vs federales; Boca vs River; Peronistas vs Antiperonistas; Maradonianos vs Antis Maradona… Pero antes de esta última separación, la única persona que nos unió fue Diego. Fue el que le dio alegría al pueblo entero. Fue la posibilidad de ser felices, luego de una Dictadura sangrienta y cruel.

Desde 1986 ya no fue lo mismo, siendo que nunca fue normal lo suyo. Pero desde ese momento se supo un mito viviente. No tuvo paz, por haber sido la persona que emuló al Cometa Halley que pasa no sé cada cuantos años. Lo que hizo Diego en ese entonces no se verá por no sabemos cuántas vidas.

Diego fue campeón cuatro años antes de que empiecen los 90 y fue héroe para quienes crecieron con él en esa época, luego de Italia. Maradona es Argentina, mal que les pese a algunos y nos enorgullezca a otros. Porque la contradicción andante es un resumen del país. Es la capital del país porque a él lo forman las mismas cosas que a nosotros. Una vez Juan Pablo Varsky comentó que Messi es lo que quisiéramos ser y Maradona lo que somos. Es cierto. Como también que le exigimos a Lionel ser como Diego.

Es la infancia y la juventud de tantos; la gloria deportiva y personal; el pecho inflado; el respeto por el himno; es meterle la mano a los ingleses en la lata, o en la pera; es dejarlos desparramados por un campo de juego que por momentos fue el de batallas de Malvinas; fue el tobillo hinchado e infiltrado para darnos alegrías; fue la orfandad en el 94, el saber que nos habían cagado; fue los excesos, el agrande, la humildad, el coraje; fue lo que nos cuesta reconocer y lo que nos encanta; el hombre más tatuado del mundo; el provocador nato con el “Che” y Fidel en sus extremidades para llevar al extremo todo, lo bueno y lo malo. Pero por encima de eso el ser argento y del pueblo.

Se llora que alguna vez fuimos los mejores del mundo de su mano. En la primavera alfonsinista, el jardín florido era argento y la flor más bella se regaba con las lágrimas de emoción del pueblo. Es lo mismo que está pasando en Nápoles, que bien podría ser una provincia de este país.

Decir que toda esa gente y nosotros lo lloramos porque que fue el más grande de la historia es simplificarlo y Diego nunca fue simple, no es simple. Tanto que su mejor gol tiene el mejor relato de la existencia. Algo justo por parte de Víctor Hugo con alguien a quien la justicia le gustaba, pero nunca se le aplicó.

Si quisiéramos poner algo del fútbol solamente, esgrimiría una teoría que tengo hace tiempo: Si Borges no moría ocho días antes que el 22 de junio de 1986, el día de su gol a los ingleses, hubiese recuperado la vista. Si hubiese estado vivo en ese instante hubiese querido mirar semejante obra de arte épica. Toda la poesía en una pelota y al más grande de siempre siendo el mejor artista de todos.

Dios está en todas partes

Ya es fin de semana y los homenajes no se hacen esperar. Todo el mundo lo homenajea. Propios y extraños. Si la imagen de un hincha de Boca consolando a uno de River en Plaza de Mayo fue fuerte y tal vez la mejor síntesis de amor por Diego, lo que pasa cada rincón de este planeta que tiene forma de pelota y que Diego dominó es la mejor explicación de quien es: en Inglaterra pasan su segundo gol contra ellos; The Guardian lo inmortaliza gambeteando a Shakespeare, The Beatles y la Reina; en una parte de Siria, lo único que se mantiene en pie es un mural de él; quienes fueron rivales lo aplauden y lo lloran; quienes fueron compañeros lo aplauden y lo lloran; Bangladesh, el lugar donde hubo una manifestación cuando lo sacaron del Mundial 94 le rinde honores y lo mismo pasa en China, Estados Unidos, México, Italia. Y hasta en lugares inimaginables como Tanzania y países que, si no fuera por esto, no sabríamos que existe.

Messi se quita la camiseta del Barça y tiene debajo una de Newell’s con el 10 de Maradona

Empiezan a pasar cosas, que como muchas relacionadas a la fe son cuestiones de creer o reventar. En el velorio una camiseta es iluminada sobre el número 10 e impacta. Pero el domingo hay un pibe, que creció mirando a Maradona y que con seis años lo vio meter un único gol en el equipo del que es hincha. Fue cuando Diego fue presentado en Newell’s contra Emelec. En el Camp Nou, donde arribó desde Boca, ese pibe marca un golazo y vuelve a impactar. El pibe se transformó en adulto y es quien le pelea el trono histórico a Maradona. Messi hace un gol idéntico al que metió Maradona frente a sus ojos. Al festejar se olvida de todo, de la marca que viste a Barcelona, de las multas y todo eso. Se saca la camiseta y abajo está su camiseta. La de Newells y del Diego. Messi hace uno de los mejores homenajes y a su manera, por más que muchos digan que lo hizo a lo Diego.

En La Boca a la tarde es un domingo diferente e irreal. Sin gente para llorar a Diego y ovacionarlo. Con Dalma sola en el palco donde antes abrazaba a su papá. Los jugadores de Boca que la abrazan a ella, en el nombre del Padre y de la Hija. Por cuestiones divinas Boca juega contra Newell´s. Hay una falta en el minuto 10 para Boca, el gol de Cardona es en el minuto 12. Todo es a pedir de Diego y su relación con la azul y oro. Dalma llora, el parche que tiene la camiseta se acerca al corazón. Tres días más tarde, Carlos Tevez -por quien Maradona hubiese dado un brazo para jugar con él- mete el único gol frente a Inter en Brasil. En el festejo se saca la camiseta y tiene la del primer tiempo de Maradona vs River en 1981. Es hermosa, es hermoso y doloroso todo. El capitán sabe lo que significa esa reliquia. El mundo también. Ahora no solamente Dalma llora.

Volvemos al sábado. Las redes que son frías explotan y se calientan. Es que, en Nueva Zelanda, Los Pumas son fríos frente al calor y clamor popular. Los que defienden valores (jugadores y dirigencia) se olvidaron de la persona por quienes nos valoran en el mundo. Del otro lado, los All Blacks le entregan a Diego su camiseta y su tesoro ancestral. El haka y los de negro parecen más argentinos que los que están de celeste y blanco. Porque se pueden rendir ante el más grande deportista de la historia, sin importar de donde salió. Porque en ciertos deportes y clases sociales, que Diego haya sido lo que flameaba por el mundo con nuestros colores, molestó, enojó y hasta mostró sus peores hilachas. Para esa gente siempre Diego será “el negro del Scania de los ruidos molestos”. Esas personas de la historia que no la pudieron escribir como sus antepasados y que vieron como un vencido llegó a ser lo más importante del mundo.

Dios pecador

Damián tiene razón. Me está faltando Eduardo Galeano para poder explicar y escribirle a Diego. Pero también para poder definir al mundo lo que es Diego, inclusive con sus contradicciones y sus pecados más horrendos. Ya me di por vencido: no podré hacerlo.

El escritor uruguayo anticipándose -tal vez- a las críticas de la gente en general y de partes del movimiento feminista en particular, una vez sentenció: “Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses”. Y continuó “Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable…”. Y también machista se debe sumar. Pero más que nunca, quien no haya cometido pecado que arroje la primera piedra. O en tiempos de sobreinformación y de estar hiper conectados, como leí por ahí, quien no tenga contradicciones que arroje el primer tweet.

La frase de Fontanarrosa que escuchamos tantas veces de que “no importaba qué hizo Maradona con su vida, si no con la nuestra” es tan cierta que es admirable. La sentencia de que en su vida jodió a otras, es tan cierta como lamentable. Y la negación de que en él se acusa tantísimo porque fue él y porque su vida fue un reality show, donde todos podían opinar es canallesca. Y la doble vara con la que se pide coherencia por parte de gente que jamás lo sería y que también tiene miserias, es preocupante.

No estoy hablando de perdonarle todo, solo digo no ser un chivo expiatorio de las acusaciones que con otras personas miran para otro lado (hace un par de meses un empresario mató a su esposa y los enterraron juntos). Tampoco hablo de perdonarlo todo porque sea Maradona, como lo hicieron sus hijos reconocidos tardíamente o Flor de la V, quien le perdonó y lo lloró públicamente luego de comentarios hirientes. No. Hablo de entender que en todo hay lados oscuros, fisuras, errores y desaciertos, pero en su caso potenciados por quien era.

Si hablamos de violencia, también la tuvimos para con él: violencia es no dejar vivir.

A Diego se le exigió más que a cualquier persona pública y muchas veces sin el poder de aquellas. Porque era todo lo que escribió Galeano, que en un punto es decir que fue todo lo que somos. Porque seguimos teniendo deudas con la historia, con las mujeres, con sus luchas. Con el tema de quien dice qué y quien hace qué, haciéndole el juego a los medios que lo usaron como les convino. Porque si un rugbier twittea lo que se tuiteó es una equivocación, pero si lo hace un jugador de fútbol nos rasgamos las vestiduras.

Mónica Santino, referente de fútbol femenino dijo: “Hay muchas de nuestras luchas que tienen que ver con Diego: pararse frente a los poderes y privilegios, discutirlos cara a cara y tomar lo que es propio”. Eso también hay que saberlo y eso también es necesario no olvidar. Hay mucha actitud maradoniana en las luchas de las mujeres y debe haber habido mucha fuerza femenina en sus luchas, con Doña Tota en el aura.

Diego rockstar con lo que eso significa tiene las mismas penurias que millones de hombres en este país. Y que muchos familiares de cualquiera, que no por eso no vamos a llorar cuando se mueran. “Una contradicción no es hipocresía y un juicio sin contexto es deslealtad”, dijo en su editorial Clemente Cancela. No es justificarlo en todo, tampoco es negarle quien fue para tantísima gente. Y no dejar que se llore a Maradona como se lo merece es estar cometiendo opresión también.

Hombre fuego

Ya es sábado 5 de diciembre. Pasaron diez días de que Diego no está más en este plano. Anoche volví a soñar con Maradona. Estaba joven, hermoso, pleno. No me acuerdo qué soñé pero sí que lo soñé.

Me pongo a ver cosas de Diego Armando. Recuerdo que en la tele, hace unos días, le habían preguntado a Mario Pergolini cómo definiría en una palabra a Diego. La elegida fue “Fuego”. Me queda haciendo ruido, chispas varios días. Pero pienso que es más que lo que escribió alguna vez Galeano, eso que hay fueguitos andantes que encienden a otras personas. La estela de Diego es tan fuerte, su brillo es tan incandescente que enciende a lo lejos. Es el hombre fuego, no es un fueguito. Es hermoso, da vida, pero estar expuesto mucho con él deja secuelas: “Quien se acerca, se quema”.

Entonces quiero terminar la nota. Me agarra un nudo en la panza y en las manos.

Trato de terminar la nota volviendo a escuchar una nota a Daniel Arcucci y releyendo partes de un libro que habla de cómo él es producto de la globalización también. Entonces entiendo eso, pero queda gusto a poco. Porque Maradona es el primer gran resultado de una globalización que se hizo carne por la televisión y de un sistema que pudo exprimir todo lo que pudo de él. Por eso nos conocen en el mundo, porque lo suyo se ha multiplicado tantas veces y llegado a todo el planeta, pero siempre con la celeste y blanca.

Todo ha sido exageradamente maradoniano. Desde ir a hacerle una nota para El Gráfico cuando tenía 13 años, ir a verlo hacer jueguitos cuando tenía 14 años, a juntarse en su casa cerca de la cancha de Argentinos, hasta ponerle un dron en una de sus últimas imágenes. Nunca tuvo paz y fue parte de lo que debía pagar. Lo único que pidió siempre a cambio fue amor. Porque él lo dio siempre y sin reparos. Pero además de eso, todo, absolutamente todo se debe a cómo fue él.

Y por cómo fue él, fue lo que sabemos. Porque la fama, la genialidad y el ser el mejor en lo suyo le dio una patada en el culo que lo llevó de Fiorito a la cima. Y la droga hizo lo mismo, de la tierra a la luna. El único lugar donde no tenía problemas por ser él. Y él siempre fue un provocador nato, porque la cocaína y la “exitoina” le hicieron perder el juicio a veces y quienes lo rodearon le hicieron perder la conciencia, pero no la de clase. Esa jamás se la olvidó. Sabía que era el espejo para millones de chicos y de chicas que querían ser como él, para poder salir de donde nacieron. Eso se llama soñar, pero los sueños sin alguien que los haga valer y concretar no valen. Por eso el ídolo, por eso el hijo pródigo.

Maestro Inspirador de Sueños fue el título que inventó la Universidad de Oxford para condecorarlo. Allí habló de otro sueño que era pelear para que los jugadores tuviesen su Sindicato. En el lugar donde se preparan vacunas con supuestas fórmulas para erradicar un virus, él fue a hablar de los suyos, porque el callarse para él nunca fue opción. Y el evitar que los otros soñasen tampoco.

Maestro, porque siempre el 10 es la maestría. Porque Diego está en todas las cosas nuestras, cada día. Porque para lo malo también lo citamos, pero para la excelencia de lo que se hace en algo “Pelusa”, el “Capitán”, “Diegol” siempre está.

Inspirador de Sueños, porque sus jugadas tanto dentro como fuera de la cancha le dieron a varias generaciones razones para creer que todo se podía. Para ser alguien en la vida y que fuésemos alguien en el mundo. Fue la reivindicación de los que menos tenían o no tenían nada. Y les dio sueños y se los cumplió. Porque en un país donde el fútbol es arte y es cultura, tuvimos al mejor de la existencia.

Pero además es el sueño de recordarlo de la mejor manera. Recordar es volver a pasar por el corazón. Pero recordar a Diego es hacerlo y encima acompañado del abrazo del padre que ahora no está, del amigo que no ves hace mucho, de quienes fueron testigos de México. Maradona es el sueño cumplido de detener el tiempo en el mejor de los instantes. Allí donde él fue lo mejor.

Él, que fue la estrella que Doña Tota agarró del piso cuando iba a parirlo. De un lado brillante, del otro de lata. Así fue su vida naciendo estrella a veces estrellándose, pero siempre del lado que debía estar. Y eso, señoras y señores, eso es impagable. Eso es inigualable. Fue admirable y repudiable, pero sobre todo fue emocionante y genuino. No traicionó la esencia y eso como argentino e hincha de Boca siempre será agradecible. Fue contradictorio hasta en el día de su muerte: el tipo que más alegría nos dio nos provocó un dolor larguísimo. Fue lo que quiso y lo que lo dejaron ser. Fue nuestra risa más sincera y nuestras lágrimas más sentidas. Fue nuestro embajador y el artífice de las mejores fantasías. Fue el artista que nos pintó el alma y quien nos demostró el amor puro hacia lo que se quiere, ya sea la pelota, la gente…

El Barrilete que ató a nuestros sueños y lo llevó hasta lo más alto. Frente a los primeros ojos testigos en la Paternal; con la azul y oro en la piel cumpliendo lo que quería ser; en Barcelona, para darle brillo al catalán; en Sevilla extrañando lo que pudo ser; con los leprosos que lo cobijaron al volver; en Nápoles donde fue dueño y amo, el mejor de ellos, el que vengó dentro de una cancha lo que pasaba fuera de ella; y cumpliendo el suyo al que se habían sumado millones en todo el mundo.

“Bendita tu receta contra el frío” le escribió alguna vez Joaquín Sabina. Sí. Bendito sea el Diego, el astro, el Cebollita. Bendita sea su mano en lo alto, hasta para hacer trampa frente a los piratas y bendita sea su zurda mágica, para dar la justicia poética necesaria. Bendita sea su pureza por más manchada que haya estado. Porque de esa manera la pelota no se mancha y el pueblo pudo seguir festejando. Bendita la camiseta en lo alto, la cinta de capitán para que nos vaya guiando. Porque él se perdió en su propio camino tantísimas veces, pero a nosotros siempre nos fue salvando de la humillación, del hastío, de la tristeza y de la desmemoria. Hombre fuego genuino frente a la fría hipocresía.

Por eso ahora le pedimos el milagro que estamos empezando. Porque el hombre fuego lo hará una vez más, renacerá de las cenizas de su propia hoguera, pese a que la leña otros la estarán usando.

Volverá y con su fuego será bendita su receta, como siempre, frente al frío del olvido.

Fuego en las piernas, fuego en el alma y fuego en las palabras. Quien vivió provocando a la parca, con lo poderosa que es. Sabiendo que podía sacarlo de la mano cuando quisiera y vestida de blanco. Pero que ahora le estará diciendo a la muerte “la tenés adentro, con el perdón de los mortales”. Porque el pueblo, ese del cual estaba preocupado por si no lo quería más, lo revivirá a cada momento. Porque -parafraseando a Sabina- Diego fue y es el único que pudo evitarnos pasar por el «Boulevard de los sueños rotos», es nuestra «calle melancolía» y el tranvía para llevarnos al Barrio de la alegría. Porque Diego es eso.

Porque Maradona no murió. La gente alimentara ese, su mayor fuego.

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