Hasta siempre Romy
En el momento de mi llegada a Boca Juniors por allá en el año 1997 el grupo de jugadores era heterogéneo, grandes figuras Maradona, Caniggia, Fabbri, Latorre, Martínez entre otros eran protagonistas indiscutidos de ese presente que reflejaba la ausencia notoria de resultados y la impaciencia de una hinchada que los pedía a gritos, en ese plantel también descollaba un joven talento llamado Juan Román Riquelme.
Joven de pocas palabras, caminar lento y cabeza baja, Romy, como solía llamarle hacia diferencia con su gran calidad técnica, su visión de juego y enorme pegada con derecha. El mismo día del último juego de Diego Armando Maradona, ese 25 de octubre de 1997, era Romy quien asumía el rol de conductor de aquel equipo de Veira del 97 que perdiera el titulo argentino por solo un punto.
La llegada de Carlos Bianchi y la presencia de Julio Santella le entregaría la fortaleza física necesaria para asumir el rol conductor de un equipo sediento de gloria y nosotros sus compañeros depositamos en aquel joven toda la confianza, obligándolo deportivamente a asumirla.
Dios me ha dado grandes gustos en mi vida futbolística y uno de ellos fue disfrutar a Romy en su plenitud futbolística, talento, fuerza, inteligencia y potencia que serian vitales en los mejores logros de aquel inolvidable equipo de Bianchi que dependía en gran parte de su genialidad.
Luego de su paso por Europa regresaría para regalarle a la institución la copa libertadores del 2007 y los torneos apertura del 2008 y 2011 dejando su magia en cada uno de los corazones xeneixes.
Hace poco en una entrevista televisiva le pedí a Romy una sola cosa, como compañero, como amigo y como hombre de Boca, “prométeme que no te irás mas de Boca y que jugaras tu último partido con la camiseta de Boca en La Bombonera”, semejante pedido tenía que ver con mi conocimiento de las diferencias que el 10 mantenía con el cuerpo técnico y la fría relación que lo unía a la actual dirigencia.
Y es que la derrota de Jorge Ameal en las elecciones del club el año pasado debilitaron a Román dejándolo a merced de una nueva administración con pensamientos alejados del respeto y valoración que la máxima estrella del club en estos momentos necesitaba y merecía.
Hoy la realidad supera cualquier novela de terror, la historia se repite, gran numero de los grandes ídolos de Boca terminan retirados en clubes lejanos y sin la oportunidad de despedirse de esa afición por la que dejamos la piel en la cancha. Muy lejos de la institución en la que plasmamos nuestros mejores momentos como profesionales, Román es Boca, Román es de Boca, Román siempre en los corazones del verdadero hincha de Boca.
Besos a todos.
Jorge Bermúdez



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