En esta sección les presentaremos una serie de escritos que reflejan la pasión por Boca Juniors. En esta entrega, empezamos a palpitar la previa al Día Internacional del Hincha de Boca (12-12-12).

Yo sé que es casi imposible. Que resulta poco probable. Que por más que le demos vuelta, que lo miremos de abajo hacia arriba, de izquierda a derecha o viceversa, que nos abstraigamos o nos metamos de lleno, el tema de la pasión y sus aristas no se puede explicar. Pero usted vio como es esto ¿no? Uno no se resigna, y más si se es bostero. Porque siempre vamos hasta lo último. Pero cuando parece que ya está, que ya tenemos la respuesta, se va más allá. Y entonces caminamos tras ella como piensa Eduardo Galeano a la Utopía, que cuando das dos pasos, ella va a dar diez. En fin…

Lo que hoy quiero escribir, no es sobre un partido, un clásico, o alguna fecha en particular. Los protagonistas son dos bosteros. Uno soy yo, el otro, uno que me crucé en Embalse. Vamos a ir aclarando…

21 de octubre. Lugar: Embalse, Córdoba. Encuentro Nacional de Estudiantes de Comunicación, el décimo del país, el segundo a nivel latinoamericano. Más de mil “compañeros” en charlas, debates, en las fiestas. Ese domingo era el segundo día. Esperábamos con ansias a la Vivi Pozzebón, una cantante y percusionista de la puta madre de estos lados. El mote de compañero,  vale aclarar, va más allá de si alguien es peronista o no. Es el hecho de compartir lo mismo e ir por lo mismo. Las mismas luchas, las mismas ganas, en fin…

Uno, fiel a la costumbre, enarbolaba la bandera de Boca paso a paso. Todos los días algo de Boca había. Ese algo era la camiseta, o una campera. La delegación brasilera se empezaba a soltar más, y uno entre las discusiones con Maradona y Pelé hacía nuevas amistades. Lo que no se discutía era la grandeza de Boca. Víctor Hugo que en la mesa al otro día me diría: “Apenas te vimos llegar, vimos que tu camiseta no tenía escudo ni nada, pero todos sabíamos que era de Boca. Nosotros respetamos mucho a ustedes, los bosteros”. El pecho se inflaba el doble.

Pero volvamos al segundo día de ese encuentro. Domingo, unas nubes que amagaban a llover y no, que deambulaban. A veces dejaban pasar un rayo de sol, otras lo impedían como si fuese lo último que podían hacer. Las horas se pasaban, el partido entre Brasil y Argentina no necesitaba de canchas con luces, ni tribunas repletas. Cerca del lago, con unas camisetas en como palos, y la pelota que rodaba y hacía más lindo esa tarde dominical. Cuando me ofrecieron entrar, mi respuesta fue que no. Que ya empezaba el partido. En fin…

En el bar de los hoteles, la hora se acercaba. Un llamado más a mi vieja por el día de la madre. Porque me había olvidado de recordarles que es día fue el de las madres. Aunque todos los días sean los de ellas, y en eso se parece al hincha de Boca. Que todos los días son de nosotros.

Como les contaba. En el bar unos 15 de Boca, y dos de Estudiantes de la Plata. Nadie sabía que el 0 a 0 iba a ser tan feo. Pero nadie sabía, lo que pasaría en ese partido a la distancia. Al lado mío el otro protagonista de la historia. Mauro B. Esa B, es de un apellido pero lo dejo así porque si fuese de Boca no sería exageración. La salida de Boca con el canto de varios hinchas, de varias partes. Y los menos interesados pasaban para ponerse al día con el resultado. Es que todos iban a la charla de la revista LA GARGANTA PODEROSA. Y uno que quería ir, la dejaba de lado. Y miren que era sobre la mejor revista que pudo haber aparecido en los últimos tiempos. En fin…

Cuarenta minutos del primer tiempo. El partido lograba más de un bostezo, sumado a la fiesta de la noche anterior, que aún mostraba marcas. Entonces las nubes que daban vueltas se juntaron de golpe. Como que se abrazaron después de años de no verse, y más que abrazo fueron choques, fueron refucilos, rayos, relámpagos y una lluvia. ¿Qué digo lluvia? Lluviazón. Embalse era castigado por agua fría y que caía con mucha fuerza. Los cascotes –porque no era granizo-  y el agua se metían por la ventana, por las puertas, por la tele… que se apagó. La antena de la empresa del cable no dio para más y todo se volvió negro. Porque la luz se fue, y los que estaban allí también. Solo quedamos Mauro, la chica que vendía en el bar, y yo. Con Mauro ya nos íbamos poniendo al día de nuestras vidas, pero cortamos para ver qué pasaba. Y no pasaba nada. Para peor cuando fuimos a escuchar la radio, la moza nos grita que no llegaba ninguna radio al lugar, y uno seguía buscando entre las cuatro que se escuchaban. Tres de cuarteto y una evangelista.

Entonces la desesperación lo invade a uno. Porque por más que el equipo no juega a nada, uno lo quiere ver. Ya dejó charlas, dejó momentos del encuentro por Boca, como tantas otras cosas. Nos encontramos en la oscuridad y Mauro dice: “Yo tengo llamada gratis con mi vieja, le digo que ponga el teléfono al lado de la radio”. Y la madre, en su día, en un domingo tranquila contando cómo jugaba Boca, qué le había parecido el primer tiempo, y en su rol de madre cómo la estaba pasando. El “shhhhhhh mamá, dejá escuchar” resonó en la sala. Uno lo miraba como diciendo “boludo, pará” y él con la mirada como que respondía: “si te vieras lo nervioso que estás, vos también dirías lo mismo”. “Pero es tu vieja” era mi respuesta a través de la mirada. En fin…

Todo un tiempo imaginando las jugadas y los centros, las patadas, los foules, la gente que cantaba. Nosotros dos y nadie más. Con un teléfono puesto al lado de una radio allá en Buenos Aires, cuando nosotros estábamos acá en Embalse. Lo más fácil hubiese sido habernos ido. Pero ¿cómo dejar a Boca? Explíquenmelo porque no lo sé. Uno pensaba esas cosas hasta que en los últimos minutos se escucha a Mauro: “Bueno vieja, dejá que ya volvió la imagen. Gracias. Te quiero”.

La respuesta de la madre fue la misma. Yo le agradecía a la distancia y me acordaba de mi vieja. El partido nos dejaba pensar en ellas y ellas que nos entienden hacen lo que sea para que estemos bien. Pero es todos los días. No un domingo caprichoso del almanaque. Ellas están siempre. Como nosotros. Porque todos los días son el día del hincha de Boca. En fin…

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