A donde conducen todos nuestros caminos…

En esta sección les presentaremos una serie de escritos que reflejan la pasión por Boca Juniors. En esta entrega, un simple homenaje por los 150 años de La Boca.

Hace un tiempo escribí un poema que empezaba más o menos así:

Yo no soy de mi ciudad.

No me reconozco en ella.

Mi cuerpo se siente más cerca del Uruguay

y mi alma de La Boca.

En ese poema hablaba de que estar cerca de alguien o de algo es entender quién se es y qué somos. Cuando lo releo me queda solo una cosa para decir: Somos más nosotros, cuando llegamos a La Boca. 

De todos los barrios, El Barrio

La Boca fue el puerto natural, para refugiar los barcos y naves de los fundadores de Buenos Aires. Es decir que desde el vamos, desde 1580, fue el mejor puerto a donde llegar. Desembocadura del río, el Riachuelo desde mediados de 1800 fue el motor de una zona de la ciudad totalmente desierta que se transformó en un polo industrial y en el lugar donde residirán quienes llegaban al país, buscando un futuro mejor.

La fundación de La Boca, a través de la ley N° 654, fue el 23 de agosto de 1870. Hace 150 años que se le ponía nombre y se reconocía al lugar que nos nombra y por quienes nos reconocen. 

Si seguimos de manera cronológica, 14 años después sería el lugar que daría vida al Primer Cuerpo de Bomberos Voluntarios del país. La realidad ya era complicada para las muchas familias que estaban allí. Muchos de los inmigrantes vivían en condiciones sanitarias deficientes y en estructuras en permanente riesgo de sufrir incendios o derrumbes. Tomás Liberti fue el vecino que tomó la posta y formó una sociedad para sostener a los Bomberos. Tal vez acá resida el hecho de que el fuego sagrado de Boca, nunca se apaga. 

En 1887, se dio una de las particularidades de este lugar. Luchando por los derechos y en huelga, obreros genoveses comienzan a imaginar La República Independiente de La Boca. No sólo era una idea vaga, si no que querían leyes propias y una bandera, inspirados en el anarquismo, la masonería, el socialismo, que entre otras cosas retrasaron el ingreso de la Iglesia Católica. «Con la gente en general no hay problemas -escribe el padre salesiano Francesco Bodrato a Don Bosco en 1877-, pero sí con marineros y algunos comerciantes. Y los de entre 16 y 30 años están endiablados.» En esto que rescató Fernandez Moore en alguna nota, hace un tiempo, puede estar la base de nuestra religión. Una propia. Con un dios, un templo y un ritual de cada domingo…. 

Todo eso un año antes de que naciera Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América Latina. El abogado de los pobres lo llamaban. No podía ser de otra forma, alguien nacido del pueblo, para defenderlo. Ya sabemos que Boca es Pueblo

El más auténtico detrás de las mil máscaras

Hace exactamente un año, viví uno de los momentos más hermosos en La Bombonera y por ende en La Boca. Un programa documental griego, Football Stories, fue a entrevistar a hinchas representantes de Boca y de la contra. Me entrevistaron en casa, que es lo mismo que decir en La Bombonera. El historiador Guille Schoua y Santiago Hilaire hicieron las veces de traductor. El segundo es rojo y blanco. (Estaba bien que haya sido así, ellos también nacieron en La Boca).

El punto no es que me hayan hecho una nota, si no lo que me di cuenta ese día, gracias a la paz y la alegría imborrable que tenía: En La Boca, somos más nosotros. Somos más auténticos y auténticas, detrás de las mil máscaras que nos ponemos día a día. En La Boca, somos lo que quiso hacer Quinquela Martín con Caminito: “Convertir ese potrero en una calle alegre”. 

Y nosotros y nosotras somos eso cada vez que pisamos ese lugar al lado del Riachuelo. Somos colores vivos, emulando a los de los conventillos, siempre con el azul y oro por delante. Somos la calle Garibaldi, una arteria que nos guía hasta el corazón de La Boca. No el geográfico, si no el que da vida. El único, el irrepetible e inigualable. El templo, nuestra casa. Porque a La Boca le dio vida Boca Juniors, Benito y Caminito…

Somos La Boca…

La Boca respira por el pueblo bostero. Pero sin ese barrio que ya cumplió 150 años, nada hubiese sido posible. Porque allí, donde comenzaron a jugar al fútbol marineros y obreros, el planeta se redujo a una pelota de cuero. Ese lugar alejado de los “buenos gustos”, empezó gustar de lo que era bueno. Empezó a codearse con el mundo, siempre, siempre, siendo lo más auténtico. 

La calle Necochea que se mantiene encendida en el recuerdo; las cantinas donde la vida se detenía a descansar por un momento; el tango que sonaba como en las tribunas los caños del torero; porque somos ruidosos, nostálgicos, bochincheros, somos Los Amantes de La Boca. Porque somos la grasa de las capitales, somos el suburbio, los cabecitas, el inmigrante, el dialecto genovés que devino en Xeneize,  el humilde que conquistó el mundo entero.

Porque La Boca es la vuelta de Rocha, que empezó a preparar las vueltas en Branden 805; el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, para transportarnos a lo eterno. Somos el 2×4 en cada esquina, el baile de la conquista que ya nos ha enamorado. Por siempre y para siempre.

Somos la bosta, el “turbio fondeadero donde van a recalar, barcos que en el muelle para siempre han de quedar…”, como suena en la canción. Pero desde allí, uno de los lugares más fotografiados del globo terráqueo. 

Si Gardel viviera, le pondría la voz a lo que musicalizó  Juan de Dios Filiberto y escribió Gabino Coria Peñaloza. Porque le cantaría  a Caminito su “bien”. Porque eso nos pasa cada vez que nos maquillamos de colores el alma, como los conventillos las chapas. Caminito al costado del mundo cantan muchos, nosotros en cambio, podemos cantar caminito que nos lleva al nuestro y por el que sacamos chapa desde que en la Gira de 1925 empezó a ser mundial. 

Somos los bohemios, las noches despiertas bajo un farol o una radio que transmite lo que nos llena las venas. Somos el barrio de las veredas más altas para llegar al cielo, ahí donde brillan las estrellas del escudo que nos infla el pecho… Las sogas de los patios donde ponemos a secar nuestras tristezas y colgamos nuestras ilusiones. 

Somos el Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín, donde no sólo podemos ser testigos de sus obras pintadas, si no de la identidad que se encargó de erigir y mantener. Como el último edificio que se levantó en esa callecita de adoquines en 1964 y él se encargó de supervisar. Porque Caminito es como decir Boquita. Ese diminutivo es tan nuestro y tan apreciable como el colorido frente a la mayoría gris. Como lo que pasa cada fin de semana. Porque La Boca es eso, es la esperanza de cada domingo, es el volver a empezar, es la esperanza frente a lo sombrío. Es renacer. Es reinventar. 

El Teatro de la Ribera, que a veces hace las veces de La Bombonera. Es alimentarse de pasión en lo de Quique, o en La Perla, para ver si se anima a entrar otra bandera sueca en otro barco. Somos la Usina del Arte, que antes fue sólo Usina. Podríamos decir usina del laburarte…

La Boca es donde pasaron nuestras mejores noches y mejores tardes; nuestro pase a la felicidad se da cuando gira un molinete como cuando giraban las ruedas de paletas. O las otras paletas con las pinturas de Benito, la espátula de Quinquela Martín, que se pasó como una posta para la brillantez en esencia de Perez Céliz y la pincelada justa de Gustavo Navone.

Somos pintura, música, la poesía de José Larralde… Somos arte.

Somos las plazas como la Solís,  que con sus árboles le dieron a cinco pibes los mejores aires. Y al Barrio, uno de los Clubes más importantes y vitales del mundo, para que la gente quiera llegar a “Mi Buenos Aires querido”… 

Somos las siestas ruidosas, porque allí el amor puro nos atraviesa como un rayo. Somos los pibes en el campito pateando una pelota y las pibas cambiando la historia frente a un arco. Somos los monoblocks siendo las mejores plateas, la popular y sus trompetas para poner ritmo a la vida. 

Somos la pizza en Banchero, la fainá en El Obrero. Somos Don Pedrín, que traspasó la pantalla y se hizo de carne y hueso. Porque en La Boca la magia sucede a cada paso y la ficción se queda anonadada frente a tanta realidad que la va superando. Porque a La Boca y a su pueblo, podrán imitarnos, pero jamás igualarnos. 

La Boca es y somos. Porque no se es de Boca sin amar a La Boca. Es ese barrio y a la vez todos, hasta la persona más alejada que no pisó nunca siente pertenencia, siente que está a su lado. 

Porque La Boca, la República de La Boca no es solo un barrio de Buenos Aires. Es mucho Buenos Aires en un barrio. Pero además, es mucho del país y muchos países entre sus límites geográficos. La Boca somos nosotros. Pero nosotros no seríamos nada sin La Boca. 

Nuestro lugar en el mundo. Nuestro lugar en la vida. A donde conducen todos nuestros caminos… Inclusive cuando no estemos más para andarlos. 


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